Patrimonio
Déjate ayudar y aprende de errores
Muchas personas desafortunadamente no se dejan ayudar. Piensan que ellos saben más. Esto le pasa a muchas personas que, a pesar de haber padecido carencias importantes a consecuencia del mal manejo de su dinero, han seguido repitiendo sus equivocaciones.
Joan Lanzagorta
Jul 11, 2011 |
19:45
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Muchas personas desafortunadamente no se dejan ayudar. Piensan –no sé– que ellos saben más o que ellos solitos podrán salir adelante. Esto le pasa a muchas personas que, a pesar de haber padecido carencias importantes a consecuencia del mal manejo de su dinero, han seguido repitiendo exactamente sus equivocaciones.

Esta historia es un caso que he vivido de manera muy cercana, dentro de mi círculo familiar. Es acerca de lo malo que es no aprender de los errores que cometemos y de no dejarnos ayudar: estamos condenados a repetirlos.

Historia que suena muy familiar

Él era un ejecutivo de alto nivel en una afore. Les iba bien. Compraron un departamento de contado y vivían con ciertos lujos. Ella lo conoció en dicha empresa, aunque cuando se casaron dejó de trabajar para dedicarse al hogar.
Además, era un poco presuntuoso: en más de una ocasión me ofreció trabajo y me dijo que por comisión, trabajando para él, me iba a ir mucho mejor. A lo mejor en el corto plazo sí, pero a estas alturas, mirando hacia atrás, me da un gusto enorme no haberle hecho caso.

Pues bien, poco después de tener a su hijo, él perdió su trabajo: lo liquidaron.

¿Qué hicieron con ese dinero de la liquidación? Pues, comprarse una camioneta nuevecita, que les representó una amplia porción del dinero que recibieron.

Cuando me enteré, me fui para atrás, pero ellos seguían viviendo en una ilusión: pensaban que era pan comido conseguir un nuevo trabajo, dado el nivel y la experiencia que él ya tenía. Desde luego, no fue así.

Buscó varias oportunidades, entre ellas una Dirección de Ventas en una empresa panificadora. Pero decía: “No me llegaron al precio y no me voy a malbaratar en el mercado laboral”. Figúrense.

Luego entró a una aseguradora como agente, de las buenas, de las que ofrecen excelente capacitación y buenos planes de carrera.

Él decía que en nueve meses ya iba a tener su propio despacho y que se lo iba a poner la empresa. Pues más pronto cae un hablador que un cojo: no le resultó y además no pudo vender lo que él esperaba, por lo que se desesperó y decidió renunciar.

Entonces decidieron rentar su departamento e irse a vivir a una ciudad más barata: Irapuato. Consiguió un buen empleo en una planta refresquera, pero decía que el “aire” de Irapuato no le sentaba bien (es hipocondriaco) y decidieron mudarse nuevamente.

Vendieron su departamento para comprar un terreno en Querétaro y construir una casa. Mientras lo hacían, obviamente, tuvieron que rentar otra para vivir. Pero tampoco resultó como esperaban: la casa no se vendía y tuvieron que mudarse a ella para dejar de pagar renta.

Era impresionante: uno abría su refrigerador y estaba vacío. Apenas tenían para darle de comer al bebé. Y no aceptaban ni consejos ni apoyo de la familia, quizá por orgullo.

Su esposa estudió decoración de interiores, era una persona talentosa y artista. En ese momento mi esposa y yo estábamos comprando un departamento. Le pedimos de inmediato que viniera al DF a verlo y a hacernos un proyecto, para elegir cosas como piso o color de la pintura (y más adelante, muebles). Obviamente, le íbamos a pagar. Pero no quisieron dejarse ayudar.

Cuando por fin vendieron esa casa, adivinen lo que hicieron: cambiar la camioneta por otra nueva y mejor. Esto es no aprender de los errores, de las carencias que habían tenido recientemente.

El golpe de suerte

Con el resto del dinero compraron otro terreno y comenzaron nuevamente a construir. Pasó exactamente lo mismo: tuvieron que esperar más de un año para poder venderla. Y entonces les cayó un golpe de suerte: un inversionista los contrató para construir un hotel.

Les dio un adelanto y lo que acaban de hacer, nuevamente, es comprarse una camioneta. Pero no cualquiera: una BMW. Y han comenzado a vivir con lujos otra vez, cuando aún no ponían la primera piedra de dicha construcción. Es decir: otra vez lo mismo.

De corazón espero que les vaya bien. Ojalá que sí y que el proyecto les resulte. Lo malo es que no han sabido aprender de los errores del pasado, Lamentablemente, la gente que es así está destinada al fracaso eventualmente. De verdad, ojalá que no.

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