“Cría fama y échate a dormir”

Credito:

Raúl Martínez Solares

“La reputación es raramente proporcional a la virtud”.
San Francisco de Sales

En su libro Economía emocional, Matteo Motterlini de la Università Vita-Salute San Raffaele, en Italia, hace referencia a un tipo de sesgo frecuente en los procesos de decisión de la mayoría de los inversionistas. Lo califica como el efecto de extrapolación, también conocido como winner-loser effect, y se refiere a la tendencia de los inversionistas a prejuzgar una inversión de acuerdo con el desempeño (positivo o negativo) que recientemente ha tenido.

Ello implica que no analicen otros datos, sino que lo hagan a partir de un cristal más favorable u optimista, si perciben que le desempeño de la empresa o inversión ha sido favorable, o de uno más crítico y pesimista, si por el contrario ha sido negativo.

Esto ocurre no sólo en temas financieros, sino en muchas decisiones que tomamos cotidianamente e incluso en nuestras relaciones personales.

Pero es particularmente importante y trascendental aislar este efecto en temas económicos y financieros, si queremos evitar sorpresas negativas en inversiones para las cuales suponíamos resultados ampliamente favorables o si queremos evitar quedarnos fuera de potenciales beneficios relevantes de oportunidades cuyo pasado reciente no es favorable.

DESEMPEÑO NEGATIVO, RECUPERACIÓN LENTA

Son muy frecuentes los casos en los que el valor de una acción que tuvo un desempeño negativo tiene una recuperación más lenta, porque son la mayoría los que están prejuzgando su resultado futuro a la luz del pasado inmediato, sin analizar que en muchos casos las condiciones que provocaron el lapso negativo no están vinculadas a las condiciones que en la actualidad incidirán en su desempeño futuro.

En la actualidad, existen dos elementos que hacen particularmente relevante que entendamos y dimensionemos este tema.

En primer lugar, la extrema volatilidad de los mercados genera condiciones que nos obligan a tomar decisiones basadas en entornos cambiantes, que pueden generar oportunidades para empresas o inversiones que antes no las tuvieron, o por el contrario, afectar las oportunidades futuras para empresas que hoy se ven muy solidas.

En segundo lugar, la volatilidad tiene asociado un componente de irracionalidad de los actores en los mercados que califican con frecuencia a rajatabla cierto tipo de inversiones, como si todas tuvieran las mismas condiciones inherentes. Ello ocurre, por ejemplo, en cierta medida con la salida de mercados emergentes hacia economías más seguras, como si todas las economías emergentes fueran iguales y todas las inversiones tradicionalmente seguras siguieran siéndolo.

Es por ello conveniente, como en sesgos de decisión latentes, encontrar mecanismos que nos permitan si no desaparecer, por lo menos identificar y atenuar su impacto negativo en nuestras acciones.

¿Cómo hacerlo?

1. Analice si su decisión presente de inversión tiene o no un componente derivado del desempeño reciente del instrumento o empresa.

2. En caso de que así sea, haga el ejercicio de aislar el efecto de “reputación” sobre su decisión. Si no conociera los antecedentes o si éstos fueran opuestos a lo que son ahora, ¿variaría su decisión?

3. Pregúntese si las condiciones que estuvieron presentes en el desempeño pasado (favorable o desfavorable) siguen presentes y si son relevantes para el potencial de desempeño futuro.

Como en otros casos, no siempre podrá eliminar el sesgo, pero es muy probable que estas recomendaciones le permitan mejorar el desempeño de sus propias decisiones y evitarse sorpresas negativas que afecten su patrimonio.

*El autor es politólogo, mercadólogo y especialista en Economía Conductual. Es Director General de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo.