“La importancia de las primeras experiencias como inversionistas”

Credito:

Raúl Martínez Solares

“Una mente que se ensancha por una nueva experiencia jamás volverá a sus dimensiones antiguas”.

Oliver Wendell Holmes, Jr. jurista estadounidense.

Siempre se habla de la importancia de las primeras experiencias como parte de un proceso que nos permite empezar a experimentar una faceta nueva de la vida. Es frecuente que encontremos opiniones que suponen que esas primeras experiencias son pruebas que perfeccionaremos a lo largo de la vida y que por lo tanto las consecuencias de sus resultados son limitadas en el largo plazo. De acuerdo a estudios realizados en el campo de la conducta, y en concreto de la economía conductual, ello no es así, pues las primeras experiencias determinan en gran medida la forma en la que las personas creamos percepciones que orientan nuestras decisiones futuras.

Como ejemplo, al hacer una síntesis resumida del trabajo publicado por el economista conductual Dan Ariely y los investigadores Steve Hoeffler, de la Universidad Vanderbilt, y Pat West, sobre el papel de las experiencias tempranas en el desarrollo de preferencias, encontraron que si las primeras experiencias de una persona sobre un tema determinado son positivas y cercanas a lo que en términos de percepción la persona consideraba un resultado deseado o ideal, es más probable que las personas repitan esas conductas en el futuro. En caso contrario, no sólo se disminuye la posibilidad de que la conducta se repita, sino que se buscarán experiencias diferentes muy alejadas de la primera buscando ese resultado considerado ideal.

Las implicaciones de esto para efectos de finanzas personales son muy relevantes, pues de ellas se deriva la importancia que tiene el que orientemos y conduzcamos a los niños y jóvenes hacia experiencias de ahorro e inversión que tengan resultados favorables, que les motiven en el futuro a repetir las conductas y que eviten el que intenten participar en medios diversos no confiables para buscar obtener ese resultado deseado que no encontraron en sus primeras experiencias financieras.

¿Cómo provocar efectos en jóvenes y niños de esas experiencias?

1. Empieza cuanto antes. Si creemos que nuestros hijos son muy pequeños para entender el tema y para empezar a participar en una experiencia formal de ahorro, estamos equivocados. Parafraseando a Johnny Depp como el Capitán Jack Sparrow: “Si buscabas el momento oportuno….era ese”. Entre más pequeños, mas moldeable es su percepción y consecuentemente la oportunidad de generar un hábito es mayor.

2. Condiciona lo que percibirán como el resultado ideal de su ahorro. El problema que enfrentan muchas personas adultas es que su percepción de lo que es el resultado ideal de una experiencia de ahorro o inversión está distorsionada por factores históricos o por información deficiente, lo que los desanima o decepciona.

Si podemos “moldear” la percepción de niños y jóvenes para que perciban como favorable un retorno financieramente adecuado y podemos generar incentivos adicionales familiares a la práctica del ahorro, estaremos en condiciones de que esas primeras experiencias generen hábitos y percepciones favorables de largo plazo. Una manipulación con positiva de sus padres será preferible a la manipulación no positiva que enfrentarán en empresas y organizaciones que no estarán necesariamente velando por su mejor interés.

3. Ser consistentes y constantes. La educación en los seres humanos es un ejercicio que supone una elevada dosis de repetición. Abrir una cuenta de ahorro y platicar una vez del tema con nuestros hijos no es avance alguno. Deberemos repetir la conducta y retomar el tema con frecuencia, si es que queremos calar en la percepción futura de niños y jóvenes al respecto.

*El autor es politólogo, mercadólogo y especialista en economía conductual. Es Director General de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo.

director_general@mb.com.mx