Consumo colaborativo, cuando todo es de todos
Cuando Diego Solórzano fundó en el 2011 su empresa, tenía 24 años. No tenía idea de que su negocio seguía un modelo de consumo colaborativo (CC), sólo sabía que mantener un auto era más caro comparado con los beneficios que le daba.
Ilse Santa Rita / El Economista
Mar 14, 2013 |
22:35
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Cuando Diego Solórzano fundó en el 2011 su empresa, tenía 24 años. No tenía idea de que su negocio seguía un modelo de consumo colaborativo (CC), sólo sabía que mantener un auto era más caro comparado con los beneficios que le daba.

“Me costaba 11,000 pesos mensuales entre gasolina, seguro, reparaciones. Y 90% del tiempo estaba estacionado. No tuve que pensar mucho para venderlo. Hoy, si lo necesito, prefiero rentar un coche”, dice Solórzano.

Carrot, su empresa, cumple dos en abril del 2013 y cuenta ya con 3,000 clientes (y contando). Carrot (www.carrot.mx) ofrece renta de autos por tiempo definido. Cuenta con 40 vehículos y 32 estaciones en el DF, donde sus usuarios pueden recoger y devolver los autos por 60 pesos la hora.

El CC, enlistado como una de las 10 ideas que cambiarán al mundo por la revista Time, puede definirse como la tradicional forma de compartir, intercambiar, prestar, alquilar y regalar, pero potenciada por Internet, redes sociales y el esquema para compartir contenidos de persona a persona (peer to peer).

Hoy, el hiperconsumismo esté out, lo in es hacer comunidad y compartir auto, casa y hasta ropa.

¡Te doy un ride!

La tendencia del consumo colaborativo ha impactado incluso en las políticas públicas a nivel mundial. Un ejemplo es Ecobici, un sistema de movilidad implementado en la Ciudad de México. Sin embargo, el CC también ha puesto en aprietos a los gobierno cuando los contenidos compartidos son música o cualquier otro material con derechos de autor.

Algunos ejemplos de CC en México son Aventones, para compartir auto dentro de comunidades de confianza como empresas, universidades e instancias de gobierno; así como Mercado de Trueque, un sitio donde las personas cambian sus residuos inorgánicos por alimentos frescos cultivados localmente.

Otro caso es el de Wee Yen Lim, coach de negocios originaria de Malasia, que llegó a México hace un par de años con varias ideas bajo el brazo: BackInLove, un proyecto sin fines de lucro que promueve el intercambio de prendas de vestir y Conspiración Moda, una empresa que renta vestidos de diseñador.

“Muchos piensan que el consumo colaborativo es para las personas que no pueden comprar un vestido, pero es para quienes no quieren pagar por algo que se va a quedar olvidado en el armario. Cuando pueden pagar 600 pesos por un vestido que cuesta 5,000”, argumenta.

Tengo, luego existo

Los mexicanos (como otros consumidores a nivel mundial) están en la etapa del “comprar y tener”, pero necesitan descubrir que hay otra forma de consumir, dice Yen Lim.

En México ya hay muchos proyectos de este tipo; en España, los consumidores han acogido este movimiento con mayor vigor por la crisis.

Albert Cañigueral (http://albertcanigueral.com), ingeniero multimedia de 35 años, es uno de sus impulsores en aquel país. Tras 10 años de trabajar en temas de televisión digital, acabó viviendo en Taiwán durante dos años.

“Al poder observar una sociedad tan diferente, pude ser más crítico con las convenciones y hábitos asociados al hiperconsumo”, dice.

Por eso, a mediados del 2011, abrió un blog que después se convirtió en www.consumocolaborativo.com. A través de este sitio divulga información sobre las startups (empresas nacientes) y los servicios de consumo colaborativo especialmente en los ubicados en España y América Latina.

Las ventajas 
de compartir

Para Albert Cañigueral, éstas son las ventajas del consumo colaborativo sobre del consumo tradicional:

  • Ahorro. El beneficio principal del CC es que todo el mundo ahorra dinero si se comparte la propiedad de un artículo.
  • Apoyo económico. Hay ejemplos de empresas CC no lucrativas, aunque hay otras que permiten ganar dinero.
  • El CC es social. En el siglo XXI, queremos compartir. Además, “cada vez nos definimos más a nosotros mismos por nuestros perfiles sociales y por lo que compartimos, no por lo que tenemos”, dice.
  • Es ecológico. El CC se basa en reducir, reciclar, reutilizar, reparar y redistribuir.
  • Es divertido. Hace sentir bien a quienes participan, eso también explica su éxito, argumenta.

Lo mío es tuyo

Éstos son algunos proyectos que funcionan bajo el esquema de consumo colaborativo en México y el mundo.

  • BackInLove. Promueve el intercambio de moda.
  • Carrot. Transporte privado que permite rentar un automóvil por un tiempo determinado (carsharing).
  • Bandastic. Las personas pueden juntar la cantidad necesaria para traer bandas y que den shows en vivo.
  • Aventones. Es para compartir auto dentro de comunidades de confianza como son empresas, universidades e instancias de gobierno.
  • Mercado de Trueque. Donde las personas cambian sus residuos inorgánicos por alimentos frescos cultivados en México.
  • Airbnb. Fundado en agosto del 2008 y con sede en San Francisco, California, es una comunidad en la que los viajeros reservan alojamiento en viviendas de personas de cualquier parte del mundo.

ilse.santarita@eleconomista.mx

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