¿Cómo afecta la cultura nuestras decisiones?

Credito:

Raúl Martínez Solares

“Lo importante no es ni tu nacionalidad ni la religión que profesas, sino el cómo tus creencias se traducen en tu vida”

Eleanor Roosevelt.

En esencia, la forma en que las personas tomamos decisiones está sujeta a procesos similares. Existen sesgos, problemas de interpretación de la realidad y distorsiones en decisiones de largo plazo que afectan nuestra percepción y consecuentemente las decisiones que tomamos. Se trata de elementos comunes a todos los seres humanos que afectan nuestros procesos de decisión, incluyendo los financieros. Sin importar nuestra nacionalidad o cultura, estos procesos están presentes.

Además nuestra cultura, nacionalidad y educación familiar inciden en cómo percibimos el entorno en que nos desarrollamos y consecuentemente en la forma en que, con diferentes matices, percibimos la realidad que nos rodea. Por ello, existen algunas diferencias concretas que son posibles de identificar entre grupos culturales respecto de problemas o circunstancias similares.

De estas diferencias se derivan, en algunos casos, los estereotipos relativos a una mayor orientación al ahorro de ciertas culturas o al riesgo en otras. También la confianza que se tiene en las instituciones, muchas veces afectada por la historia de un grupo o nacionalidad, tiene impacto en cómo decidimos en temas financieros. Desde Max Weber (uno de los fundadores de la Sociología moderna), que vinculaba la ética religiosa con la percepción del papel del trabajo, hasta estudios conductuales más recientes, se han encontrado fenómenos que refuerzan la idea de que dentro de parámetros de decisión similares a todos los seres humanos existen diferencias que provienen de nuestro entorno cultural.

En el estudio “Países y Cultura en el Comportamiento Financiero”, Meir Statman y Glenn Klimek de la Universidad de Santa Clara en California demuestran las conclusiones de diversos estudios cuyos resultados indican algunas de estas diferencias. Así por ejemplo, apuntan a que tratándose de riesgo, los inversionistas chinos o de Vietnam son más arriesgados que aquellos de Suiza o Alemania o Suiza. O que la propensión al arrepentimiento por ciertas decisiones financieras es más alta entre personas de la muestra que provienen de Italia, Malasia o Israel, mientras que este arrepentimiento es menor entre los provenientes de Vietnam, China y Tailandia.

La idea que subyace en estos estudios es que la suma de experiencias colectivas que representan una sociedad y su cultura, con su conjunto de creencias compartidas, percepción del mundo y de su historia, da forma a los patrones que se expresan en ciertas conductas, entre otras las financieras. No cambian de un extremo a otro la esencia de la decisión humana, pero sí las pulen de forma diferente y ello conlleva a decisiones con variaciones que pueden en algunos casos tener resultados diversos significativos.

¿Por qué son relevantes estos hallazgos? Porque lo que muestran es que la esencia humana puede ser programada y configurada en función del aprendizaje del entorno. Y si ello es posible, podemos construir una educación y práctica de vida cotidiana, que ayude a crear ciertos patrones que como sociedad nos conviene establecer o preservar.

La previsión financiera

Podemos crear mejores patrones de previsión financiera en los niños, si lo hacemos incorporando el tema desde una perspectiva educativa amplia. Siendo un tema que todos decimos que consideramos importante, no se imparte ni en el sistema formal ni en la familia una educación financiera que vaya más allá de consejos que, en la mayoría de los casos, nadie sigue. Ello también aplica para otros temas como el hoy tan en boga de la alimentación y la obesidad. Consejos e intervenciones de un Estado nana no resolverán el problema de fondo, que es de índole conductual.

Como familias, podemos crear con esfuerzo y constancia pautas que refuercen patrones favorables para nuestra propia conducta financiera y la de nuestros hijos, y en consecuencia, aunque vengamos de una sociedad o cultura poco previsora, podemos construir una cultura p familiar más adecuada para nuestro bienestar económico futuro.

*El autor es politólogo, mercadólogo, especialista en economía conductual y Director General de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo. Síguelo a través de su cuenta de Twitter: @martinezsolares

corrección del tema abordado.

Me parece el tema bueno ,más y sin en cambio ,solo se aborda desde un punto de vista demagogo ,no me resuelve nada y solo, aunque a mí no me confunde,no tiene en realidad ningún trasfondo informativo,buen tema ,menos pajilla ,más información,,a parte de todo existen algunas letras demás ..que siendo de difusión nacional,corrígeme si me equivoco.el diario no deberían de existir,,en pro de una cultura del conocimiento y la buena fe,
Saludos muchas gracias.

¿Estado nana?

Estoy de acuerdo en que la cultura determina el comportamiento de la sociedad, a diferencia de lo que otros pudieran pensar. Pero, ¿Cómo supone usted que se lograrán modificaciones en los patrones culturales sino es por la intervención estatal? No es claro ya que el deslige del Estado en la economía y demás ámbitos ha conllevado a una mayor desigualdad a nivel mundial? Sino es el Estado el encargado de llevar a cabo tan apremiante tarea, quién considera usted debiera de llevarlo a cabo? ¿Las empresas? Que solo se conducen en torno a competencias, individualismo y libre competencia. ¿La familia? ¿De qué manera pueden por sí solas cambiar tan arraigadas formas de actuar? Sin duda el Estado y los gobierno locales juegan un papel elemental en esta cuestión.