El mayor riesgo es no tomarlo
En un mundo en constante cambio, la única estrategia garantizada para el fracaso es no aventurarse.
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Estimado lector, el mes que acaba de terminar es una prueba de lo vulnerables que son los mercados en general; si pudiéramos poner a prueba la susceptibilidad al riesgo de cualquier inversionista, enero y los dos últimos años son excelentes parámetros.

¿Cuál fue el cambio respecto del 2015? No hay nada nuevo si hablamos de los factores negativos que estaban sobre la mesa el año anterior, simplemente son una extensión de lo que empezó tiempo atrás.

China, petróleo, apreciación del dólar y las políticas monetarias de diferentes bancos centrales son los factores que continúan propiciando incertidumbre en los mercados.

Por dar un recuento de los daños del 2015, en los diferentes activos de inversión, los que más sufrieron fueron las materias primas afectadas por la diferencia entre oferta y demanda, sumando la fortaleza del dólar que originó debilidad en diferentes monedas incluyendo el peso mexicano.

Respecto de los mercados de renta variable, tanto países desarrollados como emergentes tuvieron un mal año; en algunos casos, el efecto de las monedas resultó positivo. Otro dato relevante en el ámbito local respecto de la Bolsa de Valores; en los últimos cuatro años, el rendimiento en términos anualizados comparado contra la inflación es prácticamente similar, alrededor de 4% anual; es decir, la relación riesgo-rendimiento que asumieron los inversionistas al invertir en este activo parado al cierre del 2015 no ha sido compensada en su totalidad, considerando que invertir en ese activo conlleva en el largo plazo un premio.

Ahora bien, con este panorama tan incierto, suena lógico que los inversionistas —sobre todo personas físicas— se muestren escépticos cuando recomendamos una estrategia de diversificación, algo que nos puede parecer muy aburrido y cada vez más desgastante.

En estas primeras semanas del año, el nerviosismo y desconfianza fueron un reflejo del comportamiento de los inversores; inclusive comentarios como “la mejor alternativa que tengo es no arriesgarme” o “me hubiera dolarizado hace un par de años” son cada vez más comunes, aunque fríamente hablando hubiesen resultado en algunos casos estrategias más defensivas.

Aquí hago mención al título de mi publicación; recordemos que los bancos centrales en el mundo, en su mayoría, después de la crisis financiera reciente, impulsaron sus respectivas economías adoptando medidas de abaratamiento del costo del dinero (baja de tasas).

Este efecto trajo como resultado una baja considerable en los rendimientos de los inversionistas en activos sin riesgo. Con mayor razón, el costo de oportunidad es cada vez mayor, citando el comentario que hizo el director de una empresa estadounidense muy famosa de redes sociales: “El mayor riesgo es no tomar riesgo”; es decir, en un mundo que constantemente cambia, la única estrategia garantizada para el fracaso es no aventurarse.

A diferencia de otros periodos de incertidumbre como el actual, existen diferentes alternativas en los vehículos de inversión que compensan estos riesgos; sin embargo, la tarea más complicada que vivimos es aceptar que para poder lograr rendimientos óptimos, será necesario vivir con la volatilidad y aceptar un mayor horizonte de inversión.

Créanlo: con el paso de los años, sabremos que valdrá la pena.

El autor es D. de Gestión de Activos Banca Patrimonial y Privada en BBVA Bancomer.

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