Los temas pendientes para 
el sistema de pensiones
Se requiere generar un sentido de responsabilidad, que reconozca la necesidad de no dejar todo en manos del gobierno.
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El retiro a los 65 es ridículo. Cuando yo tenía 65, aún tenía barros.
George Burns, actor y cómico estadounidense que falleció a los 100 años

México realizó en 1996 una importante reforma al sistema de pensiones. El fondo de la misma fue cambiar de un sistema llamado solidario a uno basado en cuentas individuales.

La razón central del cambio, más allá de juicios ideológicos, fue reconocer un hecho innegable: los regímenes solidarios sólo funcionan en países con pirámides poblacionales que tienen (y tendrán por muchos años) muchas personas jóvenes en edad laboral y pocas personas en edad de retiro.

En casi todo el mundo esta condición ha cambiado. Particularmente en México, al reducirse la tasa de crecimiento de la población y aumentar la esperanza de vida, progresivamente ha aumentado el número de personas en edad de retiro (y su proporción de la población total) y disminuido (también como proporción de la población) las personas jóvenes en edad laboral.

Con el sistema de cuentas individuales que se instituyó, más que depender para nuestra jubilación de las aportaciones que realizan los jóvenes cuando se llega al retiro, se depende de la contribución que haya generado cada quien en su propia cuenta para el retiro.

Pero quedaron varios elementos pendientes de la reforma anterior que comprometen gravemente no sólo de la viabilidad del sistema, sino la capacidad del mismo para crear condiciones de retiro dignas y económicamente sustentables para las generaciones futuras.

El primero de ellos es la edad de retiro. La referencia de 65 años de edad como parámetro para el retiro se estableció en los primeros sistemas pensionarios europeos hace más de 100 años. Para entender la dimensión del problema, baste mencionar que en México en 1930 (30 años después del establecimiento de esa edad de referencia), la esperanza de vida de la población era de alrededor de 34 años; hoy es cerca de 75 años y aumentando. Mantenemos una referencia de edad de retiro cuando la esperanza de vida ha crecido en más de 40 años.

También vinculado con el tema de la edad, en México muchos sistemas de pensiones contemplan aún la modalidad del retiro por años de servicio. Dicho modelo también hacía sentido sólo en condiciones de esperanza de vida mucho menor. Como ejemplo, un trabajador que empezó a laborar a los 18 años y que se retira a los 25 años de servicio, estaría generando una presión de pensiones de poco más de 30 años posibles de retiro. No existe mecanismo financiero alguno que soporte una pensión con más años de retiro de los que se cotizaron trabajando.

Por otro lado, el otro complejo tema que no resolvió del todo el nuevo sistema lo constituye el nivel de cotización. En México se cotiza a menos de la mitad de la recomendación internacional para un régimen de pensión (6.5% del salario base mensual).

La discusión de este tema genera con frecuencia acaloradas posiciones que buscan destacar la injusticia inherente a cambiar las condiciones de jubilación de las nuevas generaciones respecto de las anteriores. Pero entrar al debate desde esa óptica no es de ninguna utilidad. Las condiciones demográficas, económicas y financieras en México y el mundo han cambiado, y frente a esos cambios es que debemos adaptarnos. Lo que urge es que desde el Estado, con un real sentido de responsabilidad histórica frente al país, realicen los cambios que eviten condenar a una generación entera a una vejez de precariedad.

Pero también en lo individual se requiere generar un sentido de responsabilidad, que reconozca la necesidad de no dejar todo en manos del gobierno para crear las condiciones que incrementen la posibilidad de nuestro bienestar financiero futuro.

Particularmente para los jóvenes, hoy conductualmente menos predispuestos a analizar y planear su futuro, este reto debe ser asumido de inmediato, porque además ellos enfrentan el entorno más complejo que ninguna generación previa ha enfrentado.

Mantener la discusión sobre lo que debimos haber hecho es menos útil que lo que debemos hacer en adelante; sin que ello implique que no exijamos cuentas a quienes no planearon o, peor aún, usaron mal los recursos de todos los mexicanos. Pero discusiones eternas sin hacer los cambios relevantes me hacen pensar en dinosaurios discutiendo quién es el responsable del cometa que se avecina.

El autor es politólogo, mercadólogo, especialista en economía conductual, profesor de la Facultad de Economía de la UNAM y director general de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo.
Síguelo en Twitter: @martinezsolares.

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