¿Habilidad o suerte? El arte de pescar
Existen malas prácticas en donde algunos gestores avientan carnada para poder pescar al inversionista.
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La palabra en inglés chumming hace referencia a la técnica de pesca basada en colocar carnada en el agua para atraer a los peces a un área específica. Es un proceso relativamente simple que funciona para una gran variedad de peces.

En el mundo de las inversiones, al término chumming se le conoce como la práctica de algunos gestores de inversión sin escrúpulos, que emiten una variedad de recomendaciones y predicciones sobre el comportamiento de las acciones con la esperanza de que alguna de ellas resulte ser correcta y, por lo tanto, ante los ojos de los inversionistas, pudiera ser visto como un indicador de habilidad del gestor. En otras palabras, existen malas prácticas de mercado en donde algunos gestores avientan carnada para poder pescar al inversionista utilizando la técnica del chumming.

Entremos un poco más en detalle con un ejemplo numérico. Imaginemos una base de datos de Internet en donde le cuesta al inversionista una suscripción fija mensual para recibir las mejores ideas de inversión cada determinado periodo. El inversionista se puede preguntar: “¿Por qué no hacerlo?, suena bien la idea con un costo relativamente bajo, si esto funciona puedo ganar dinero fácil invirtiendo en las mejores recomendaciones que reciba”. Toma la decisión de inscribirse y, si funciona, continuaría pagando, si no, puede dejar esta inversión.

Supongamos que la base de datos de Internet está compuesta por 5 millones de personas en todo el mundo. De manera simultánea se manda a 2.5 millones de correos la recomendación de que determinada acción va a subir, y a 2.5 millones de que la misma acción va a bajar. Después de observar el comportamiento de la acción, tendremos 2.5 millones de personas con una recomendación ganadora. Posteriormente se envía a 1.25 millones de correos otra recomendación direccional y a 1.25 millones, la misma acción con la dirección opuesta. Ahora tendremos a 1.25 millones de personas contentas que han obtenido rendimientos positivos de manera consecutiva, dispuestas a seguir pagando la suscripción.

Este proceso se aplica una y otra vez durante semanas y meses haciendo creer a los inversionistas que los gestores tienen habilidades superiores para seleccionar una lista de acciones ganadoras. Este círculo parecería no tener fin, ya que durante todo el tiempo se experimentan bajas y nuevas suscripciones en la lista de distribución.

La relación alpha vs beta genera una búsqueda incansable de obtener rendimientos que superen al mercado, sin importar para muchos inversionistas el proceso inversor con el cual se están tomando las decisiones de comprar y vender acciones. Se le conoce al término alpha como el rendimiento excedente que se obtiene después de ajustar el valor del dinero en el tiempo y el efecto del riesgo de mercado beta; no obstante, la gran incógnita es determinar si la obtención de dicho rendimiento es atribuible a la habilidad del gestor o a la suerte.

Contar con un proceso inversor dentro de las decisiones que se toman consiste en tener bases sólidas para que los rendimientos futuros sean generados por habilidad y no por suerte. La habilidad genera consistencia en el futuro desempeño del portafolio, mientras que la suerte te hará creer de manera momentánea que el modelo funciona antes de que la suerte termine.

El autor es Estratega de Inversión de Banca Patrimonial y Privada en BBVA Bancomer.

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