El 2016: ¿camina pero no avanza?
Es complicado arriesgar mucho en un escenario adverso, pero peor es quedarse sin hacer nada.
compartir

Por más que se quiera evitar, este año lleva casi una cuarta parte de su tiempo transcurrido y en muchos pasillos de este país (y de otros también) se escucha que “sigue sin verse claro” el panorama económico y financiero mundial.

En México se habla de crisis económica en algunos foros, pero parece que estamos un poco lejos de ese escenario. La crisis mexicana es, parece, mucho más profunda, si la identificamos desde sus síntomas (añejos, sin duda) de corrupción, credibilidad y pobreza en el discurso político y social, pero ésa es otra historia.

En el 2016 estamos escuchando la idea de un “crecimiento moderado” de la economía mexicana que, sin duda, es insuficiente, pero destaca sobre los pobres resultados económicos de las estrellas del crecimiento en la región durante la década pasada que habían sido Brasil y Venezuela.

Los mejores resultados relativos de México le permiten volver a posicionarse a la cabeza de la región, considerando que la muy profunda crisis económica y política brasileña se ha convertido en una oportunidad.

Sin embargo, por otro lado, la problemática interna mexicana vinculada a la violencia y la corrupción debilita al país internacionalmente, sumado al impacto de la caída de los precios del petróleo, que todavía representa un alto porcentaje de los ingresos totales del sector público.

Estas dos polaridades se traducen en incertidumbre y volatilidad que definitivamente no abonan para un buen clima de negocios e inversiones. Y entonces, ¿qué hacer? Sin lugar a dudas, es muy complicado arriesgar mucho en un escenario adverso, pero más malo es quedarse quieto, porque o se pierde mucho o no se gana nada; por lo tanto, se trata de buscar un justo medio (difícil empresa, claro está), para lo cual se debe aplicar un principio milenario: la prudencia.

Aplicado a la selección de inversiones de cualquier tipo (a mayor rendimiento, mayor riesgo) se debe ser capaz de identificar qué tan dispuesto se está a asumir riesgos, qué tanta tolerancia a eventuales resultados no tan buenos tenemos, así como el horizonte (plazo) de inversión y, por ende, el premio que estaríamos esperando recibir.

Lo anterior, puesto en una balanza, será nuestra medida para la toma de decisiones que si bien no garantiza éxito rotundo, sí evitará, en buena medida, sorpresas y dolores de cabeza, tan frecuentes en este entorno complejo.

El autor es Asset Management I&CS Executive Director de 
BBVA Bancomer.

0 Comentarios
Comentarios