Economía conductual
Cómo la identidad afecta nuestras decisiones
Deseos de pertenencia y cómo digerimos la información son parte de los efectos de la identidad.

“Sabemos quiénes somos, pero no lo que podemos ser”.

William Shakespeare

Todas las decisiones, incluyendo las económicas o financieras, son condicionadas en gran parte por nuestra propia identidad, entendiendo ésta como la forma en que las personas pensamos que debemos comportarnos, cómo deben de comportarse los demás y como la sociedad nos condiciona y motiva para decidir y actuar en un cierto sentido.

Ésta es la definición de identidad que se presenta en el libro Identity Economics de Akerlof (premio Nobel de Economía) y Kranton.

El libro parte de la premisa que nuestras decisiones están fundadas en la identidad, la que se configura no predominantemente a partir de la personalidad propia, sino que tiene una fuerte influencia del entorno social.

Así, por ejemplo, los conceptos de equidad o justicia que en muchas investigaciones económicas se plantean como relevantes en la toma decisiones y transacciones económicas, dependen en gran medida de la identidad; es decir, de los patrones que como grupo o sociedad consideramos válidos.

La visión de identidad en las sociedades modernas tiene impacto sobre múltiples conjuntos de decisiones y acciones de los individuos. Uno de los elementos centrales de la identidad es el deseo de pertenencia: la necesidad de sentirse aceptado y formar parte de una sociedad, un grupo o incluso una suerte de tribu, como las que encontramos entre aficionados a algún deporte o aquellas a las que une algún gusto musical.

Este deseo de pertenencia puede llevar a la toma de decisiones de impacto financiero, como las que se producen a través de lo que en términos económicos se conoce como consumo conspicuo: la compra de aquellos bienes o servicios cuyo único propósito es mandar una señal de pertenencia o de estatus; cómo puede ser vestir de pies a cabeza con un patrón del mantel de fonda distintivo de cierta marca de lujo. Igualmente, en las sociedades en las que la austeridad es un valor asociado con la identidad, la proclividad al gasto es menos marcada.

De la misma manera, la identidad afecta nuestro proceso de acopio de información y de discriminación de la misma.

Hoy encontramos en distintas partes del mundo, como recientemente en Estados Unidos (o incluso en México), un profundo proceso de polarización de distintos grupos sociales, en torno a fenómenos concretos económicos, políticos y sociales. El rompimiento de valores centrales a la identidad provoca la creación de múltiples identidades, con frecuencia segmentadas y parciales a la opinión y a la información.

Y hoy que enfrentamos una sociedad que prácticamente ha eliminado la información dura y medianamente objetiva, que se informa masivamente a través de medios sociales que tienen una mínima o nula corroboración de conformación, las personas tienden a dar a validez y difundir información que sólo ratifica lo que su sentido de identidad parcial les marca como válido, limitando así cualquier capacidad auto reflexiva o autocrítica de contraste que cuestione sus opiniones existentes.

Esto está hoy detrás de la polarización extrema de opiniones que se expresan cotidianamente, lo mismo en los grupos de la sociedad que en medios de comunicación.

Recientemente, en la sociedad estadounidense pasaron muy rápidamente (en cuestión de meses) de tener la idea de una identidad colectiva basada en los valores de inclusión y diversidad, a hacerse evidente una profunda capa oculta de racismo y discriminación. Bastó que un actor público como el actual presidente y sus seguidores hablaran de temas previamente vedados o que lo hicieran de una forma que se consideraba superada, para que valores escondidos se hicieran públicos y se manifestaran en un conjunto de acciones que afectan la identidad previa más orientada al respeto y la convivencia.

En México no estamos lejos de estos fenómenos. Las discusiones sobre la condición actual del país en lo económico, político o social, provocan un nivel de confrontación que no reconoce ninguna validez de los argumentos de los opositores, exacerbando las diferencias

Entender la dimensión de la identidad propia y de la que como sociedad nos condiciona, así como los cambios recientes que afectan nuestra conducta y decisiones, resulta fundamental no sólo para buscar realmente nuestro bienestar económico, sino también para mejorar las condiciones de convivencia y decisión colectiva que contribuyan al bienestar de la sociedad en su conjunto.

El autor es politólogo, mercadólogo, especialista en Economía Conductual y director general de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo. Síguelo en Twitter:

@martinezsolares

director_general@mb.com.mx

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