Economía conductual
El dinero no hace la felicidad; la liquidez, sí
Nuestra percepción de bienestar está condicionada por la disponibilidad de recursos inmediatos.
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Cuando era joven pensaba que el dinero era lo más importante en la vida; ahora que soy viejo, sé que eso es cierto.

Oscar Wilde

Con frecuencia reflexionamos acerca de la relación que existe entre el dinero y la felicidad. Se discute si la felicidad puede provenir de lo material relacionado con ello.

En el plano académico se trata de un tema que se ha estudiado desde muy diversos enfoques y perspectivas.

En algunos casos se ha medido la relación entre la riqueza de un país (medida en términos de su producto per cápita) y la felicidad promedio que puede medirse en encuestas entre sus habitantes. En otros casos, se ha medido de manera puntual el efecto que tiene el ingreso en la percepción de bienestar y de felicidad.

En este sentido, estudios como “Negative Emotions, Income, and Welfare: Causal Estimates from the PSID”, de David Clingingsmith, encontraron de forma medible una correlación en la que se aprecia que la felicidad aumenta en tanto aumenta el nivel de ingreso, pero que después de cierto nivel de ingreso la relación se debilita y posteriormente desaparece. Dicho de otra manera, el dinero sí produce felicidad, pero después de cierto nivel, muchísimo dinero no garantiza muchísima felicidad.

Mas recientemente, en el estudio “How Your Bank Balance Buys Happiness: The Importance of ‘Cash on Hand’ to Life Satisfaction”, de Ruberton, Gladstone y Lyubomirsky, se analizó y midió la felicidad y bienestar subjetivo declarado a través de encuestas, comparando esos resultados con la información de estados de cuenta en los que se medía de forma puntual la disponibilidad y liquidez de sus recursos que las personas tenían en sus cuentas.

Se trató así de encontrar la relación entre la percepción de felicidad y bienestar, con la disponibilidad de recursos; esto es, con la liquidez disponible.

Ello, analizando el efecto con independencia del nivel de ingreso total, el tipo de inversiones y con el nivel de endeudamiento de las personas.

Se encontró en el análisis, que la riqueza medida exclusivamente por la disposición de recursos líquidos en las cuentas de las personas, tiene una correlación significativa con la percepción positiva que manifestaron acerca de su bienestar financiero y que ésta, a su vez, era un claro predictor del nivel de satisfacción general de las personas.

Los resultados del estudio son además relevantes porque dicho efecto se percibe incluso a diferentes niveles de ingreso y de endeudamiento. Ello implica, por ejemplo, que personas con distintos niveles de ahorro no líquido (por ejemplo, ahorros para el retiro), mostraban similares niveles de percepción de bienestar si eran similares los niveles de recursos líquidos que tenían disponibles.

Ello se explica, en cierta forma, porque como lo muestran distintos estudios de neurociencia, neuropsiquiatría y neuroeconomía, la configuración de la conducta a nivel cerebral lleva a que las personas tengamos una marcada orientación hacia la recompensa y estímulos de corto plazo.

Por ello, considerando el ejemplo anterior, aun teniendo un ahorro patrimonial de largo plazo que de manera objetiva nos dé tranquilidad y una mayor certeza de bienestar económico en el futuro, en el corto plazo nuestra percepción de bienestar está condicionada por la disponibilidad de recursos inmediatos que tenemos y que creemos pueden permitirnos atender mejor nuestras necesidades inmediatas.

Un efecto similar se encontró a diferentes niveles de ingreso total de las personas e incluso de diferentes niveles de endeudamiento. En este último caso en particular, también las diferencias de endeudamiento se perciben más como obligaciones de largo plazo que pesan menos en la percepción de bienestar que los recursos disponibles de inmediato.

Reconocer esta propensión de corto plazo es importante, para balancear adecuadamente las necesidades (y percepción de bienestar) de corto plazo, con las importantísimas necesidades patrimoniales de mediano y largo plazo, las cuales, a la larga, determinarán nuestro bienestar general y financiero en una parte de nuestras vidas.

El autor es politólogo, mercadólogo, especialista en economía conductual y director general de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo. Síguelo en Twitter:

@martinezsolares

director_general@mb.com.mx

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