Vigilante y con doctrina en mano, se mantiene Banxico
Leonor Flores / El Economista
En el número 2 de la calle 5 de Mayo, donde se encuentra el edificio del Banco de México, la inflación no les está quitando el sueño a los miembros de la Junta de Gobierno. Pero tampoco se vive un ambiente de emergencia.
A pesar del ruido y la gasolina que le han echado los políticos al tema del alza de los precios y servicios públicos, no ha sido necesaria una reunión extraordinaria.
Los miembros de la Junta de Gobierno decidieron que lo mejor es actuar de manera ortodoxa, como lo dicta el credo de los bancos centrales en el mundo: no neutralizar los impactos directos que se diluirán rápidamente, de lo contrario le generaría problemas a la economía.
Así que, en el frente inflacionario, por el momento se dejará sin cambios la política monetaria, lo que habrá de confirmarse en la reunión de este viernes.
Hay que recordar que el Banco de México tiene como principal herramienta, para luchar en contra de la inflación, la tasa de interés interbancaria a un día, que actualmente se encuentra en 4.5 por ciento.
Desde enero del 2008, el instituto central adoptó de manera oficial la tasa de fondeo bancario para controlar la inflación. Cuando ve presiones sobre los precios que pongan en riesgo la meta de 3%, con un rango de tolerancia de 1 punto, aprieta la política monetaria y sube la tasa de fondeo. Cuando sucede lo contrario, relaja las condiciones a través de la reducción de la tasa de interés interbancaria a un día para estimular el consumo.
Para Agustín Carstens, nuevo gobernador de Banxico, las medidas tributarias si bien generarán un aumento de la inflación, será “de una vez por todas”. Se irá desvaneciendo a lo largo del año.











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