Sin diseño y escueto, el programa de ahorro
L. Flores y R. Ramos / El Economista
El Programa Nacional de Reducción de Gasto Público presentado por la Secretaría de Hacienda es demasiado escueto y carece de un rediseño de la administración pública, coincidieron especialistas y académicos.
Además, muchos lineamientos quedan en el aire sujetos a fechas de cumplimiento, sin especificar el impacto que tendrán, dijeron.
El director del Centro de Investigación en Economía y Negocios del Tec, campus Estado de México, José Luis de la Cruz, consideró que el programa hace recortes hasta donde se puede, sin proponer un nuevo esquema de gobierno.
Por lo que el cumplimiento para repensar el tamaño de la administración pública se traslada a futuros gobiernos.
Precisó que el recorte por 40,100 millones de pesos es pequeño respecto del tamaño del gasto programable al representar 0.5%, cuando pudo haber sido más grande tomando en cuenta que tan sólo en la SEP hay entre 10,000 y 11,000 millones de pesos para apoyo administrativo.
“No se trata de salarios ni infraestructura; está catalogado en otros gastos corrientes”, ejemplificó.
Para José María Marín, investigador de Presupuesto y Políticas Públicas de Fundar, lo que busca ahorrar el gobierno con este programa es muy escueto.
Prevalece la duplicidad
No obstante, faltó que se presentara el ejercicio de racionalidad del gasto y reorganización así como la duplicidad de funciones.
“Faltó dar más pelos y señales de lo que va a ocurrir porque hay que recordar que ese esfuerzo ya estaba contemplado desde el 2007 con la reforma fiscal y el Programa de Mediano Plazo”, refirió.
Patricia Rodríguez, del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, estableció que hace falta hacer un análisis real sobre si estamos saliendo ya de la crisis y el papel que habrá de jugar el gasto público.
Es indudable, admitió, que en el gasto corriente hay grandes sueldos de los funcionarios así como una opacidad sobre las prestaciones que reciben. “No podemos soportar salarios tan altos”.
Pero desde su perspectiva, el presupuesto debe aumentar de acuerdo con las necesidades de la economía.
“Pensar en disminuirlo no es bueno, más bien es saber gastar y con mayor claridad”, aseveró lo llaman a declarar.
En San Lázaro, el coordinador del PRI, Francisco Rojas Gutiérrez, anticipó que los legisladores citarán a los funcionarios de la Secretaría de Hacienda, en particular a Ernesto Cordero, para profundizar en el análisis del Programa Nacional de Reducción de Gasto Público entregado por este martes.
Sólo así, advirtió, se estará en “condiciones de continuar con los trabajos de la reforma hacendaria”.
En este sentido, alertó que la aprobación de la reforma fiscal integral pendiente dependerá de que el gobierno federal se esfuerce en reducir más su gasto corriente.
Por el PRD, Armando Ríos Piter coincidió en que las autoridades hacendarias tendrán que detallar a los diputados el alcance del referido programa, que estandariza los recortes que deberían hacerse por áreas.
“Se hace un planteamiento muy genérico y queda poco claro cómo va a evolucionar. Lo que me preocupa es que un recorte de esta naturaleza, tan genérico, puede afectar la implementación de muchos programas’’.
La bancada de Acción Nacional, en voz de Felipe de Jesús Cantú, dijo: “El análisis tiene que hacerse partiendo de la base de la calidad de los recortes.
Más que recortes, debe haber reasignaciones. El esquema de austeridad es un buen esfuerzo. Sería un error verlo por el puro monto del ajuste. Hacer un recorte en áreas estratégicas para el país podría resultar contraproducente, y más caro”.
valores@eleconomista.com.mx








La mala política o los malos políticos de México.
Estos temas son realmente trascendentes en nuestro México para poder salir adelante como nación, sin embargo, poco es el tiempo que se les da para su revisión y/o aprobación por nuestros políticos de tercera que tenemos en el poder legislativo (Diputados y Senadores).
Cuando se pretendió recortar a la burocracia eliminando dos secretarías, no se analizó a fondo dicha propuesta y se desecho. Pero que tal el tiempo que le dedican nuestros empleados (por que nosotros los elegimos para representarnos) a pelear como "verduleras" por las alianzas, tomar la tribuna para apoyar al extinto SME, gritarle "pinocho" o "asesino" a tal por cual.
El problema es que como vienen tiempos electorales, nadie va a trabajar en lo que necesita nuestro país y si vamos a ver largas campañas, despilfarros, reacomodos por candidaturas, todo para que después de las elecciones veamos acusaciones de robo, esquiroles, ilegítimos o legítimos (según desde donde se vea).
Y las reformas necesarias donde quedaran, otra vez delegadas, encarpetadas para mejores tiempos. ¿Cuándo es el mejor tiempo?.
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