Las contradicciones de Ebrard rumbo al 2012

Credito:

Gabriela Rojas

El 5 de junio del 2008, el Jefe de Gobierno del Distrito Federal presentó el Programa de Acción Climática de la Ciudad de México 2008-2012, el cual es, en teoría, una de las prioridades del Gobierno del Distrito Federal en materia ambiental.

En este Programa se plantean dos metas fundamentales:

1) tener en pleno funcionamiento, para el año 2012, un programa de adaptación al cambio climático, y 2) reducir las emisiones de gases de efecto invernadero de la ciudad de México. El Gobierno del Distrito Federal ha reconocido que el cambio climático es la amenaza más grave que aqueja al Valle de México y se requieren acciones urgentes para mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero.

En diciembre, el Jefe del Gobierno fue nombrado Presidente del Consejo Mundial de Alcaldes sobre Cambio Climático, y en ese marco refrendó su voluntad para trabajar con más fuerza, pese a la falta de acuerdos en la Conferencia Mundial sobre Cambio Climático de Naciones Unidas que se realizó en Copenhague, Dinamarca. Aplaudimos las intenciones del Jefe de Gobierno y apreciamos el reconocimiento internacional hecho a su labor. Sin embargo, sus buenas intenciones en ocasiones están en franca contradicción con sus aspiraciones para el 2012.

También el mes pasado, el gobierno de la ciudad de México instaló el árbol de Navidad más grande del mundo (Récord Guinness) en la Glorieta de la Palma.

El encendido de este árbol emitió en 36 días el mismo CO2 que 162 casas en todo un año por consumo de electricidad. Y, ¿cuánta energía consumirá la pista de hielo instalada en el Zócalo? Los festejos navideños contradicen la intención del gobierno de reducir emisiones de gases de efecto invernadero.

En otros sitios, como Copenhague, Dinamarca, la iluminación del árbol de Navidad en la plaza central fue generada por ciclistas. El gobierno de la ciudad de Copenhague claramente mostró un compromiso más sólido con el medio ambiente. Otro ejemplo semejante es la instalación de playas citadinas a cientos de kilómetros de distancia de la costa. ¿Acaso el saqueo de arena de las playas no afecta al medio ambiente?

¿Será que la agenda verde del Jefe de Gobierno es sólo parte de su estrategia para posicionarse rumbo al 2012? ¿Podrán cohabitar sus ambiciones políticas con el cuidado del medio ambiente? ¿Resistirá la tentación de tomar medidas populistas que afecten al medio ambiente pero que le aporten votos? ¿Le dará prioridad a los intereses de la ciudad o a sus intereses personales?

grojas@eleconomista.com.mx

Sin votos aún

Añadir comentario

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.