Punto de vista
Inflación, precios relativos y bienestar
Las noticias malas generan en la gente una mayor pérdida de bienestar, que lo que las buenas noticias lo aumentan.
Isaac Katz
Ene 11, 2010 |
0:57

La inflación, definida como un aumento generalizado y sostenido en el nivel de precios, se constituye sin duda como uno de los fenómenos económicos más dañinos y costosos que existen.

Los efectos negativos de la inflación son varios, pero el que sin duda resulta como el más importante es el siguiente: la inflación le permite al gobierno apropiarse de una parte de la riqueza de los agentes económicos privados.

Dicho en otras palabras, la inflación es por sí misma un impuesto expropiatorio que al disminuir el poder adquisitivo del dinero, reduce también el nivel de bienestar de los individuos.

Más aún, la inflación se constituye como el impuesto más regresivo que existe.

Este fenómeno afecta proporcionalmente más a las familias de menores ingresos dado que, por su mismo bajo nivel de ingreso, no tienen acceso a aquellos instrumentos financieros que les permitan protegerse de la inflación.
Dados todos estos efectos negativos que tiene la inflación, es crucial que la política monetaria tenga como principal objetivo lograr la estabilidad del nivel general de precios.

Esto es que la inflación sea la más baja y estable posible, siendo ésta la principal contribución que el banco central puede hacer al desarrollo económico del país. En este contexto, es bienvenida la noticia de que el año pasado la inflación se situó por debajo de 4 por ciento.

Como se mencionó, el mayor daño que genera la inflación, dado que es un impuesto expropiatorio, es la reducción del bienestar de los individuos.
¿Pero qué hay al respecto de un cambio en precios relativos, aun cuando no haya inflación? ¿Por qué a los individuos les genera una mayor percepción de pérdida en el bienestar cuando aumenta el precio de un bien, que la percepción de aumento en el bienestar cuando disminuye el precio de un bien? Sirva un ejemplo claro y preciso para entender este escenario.

Suponga que usted va a preparar salsa mexicana que en su elaboración lleva en proporciones fijas jitomate, cebolla, chile y cilantro.

Suponga, para efectos de simplicidad, que el precio del chile y el cilantro están constantes.

Suponga ahora que un día va al mercado y observa que el precio del jitomate subió y simultáneamente el precio de la cebolla disminuyó tal que el precio efectivo de la salsa no cambió.

Dado este cambio en precios relativos y por el hecho de que los ingredientes se utilizan en proporciones fijas, el poder adquisitivo total de su ingreso destinado a la salsa permaneció constante, pudiendo elaborar la misma cantidad de salsa. ¿Pero qué hay de la percepción de bienestar?

Si el ingreso real no cambió, entonces ¿por qué se produce una percepción de menor bienestar? ¿Por qué genera más daño el aumento en el precio del jitomate que el mayor bienestar que genera la caída del precio de la cebolla?

La respuesta es que así está “cableado” el cerebro humano: las noticias malas generan mayor sensación de pérdida que las noticias buenas, que pueden generar una sensación de ganancia.

Y ésta es una de las razones de por qué la gente no le cree al Banco de México cuando anuncia la inflación; aun cuando haya precios que bajen, a la gente le importan más los precios que subieron.

ikatz@eleconomista.com.mx

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