Atalaya
Relaciones peligrosas
Es poco prudente que el banco central participe en asuntos que debe definir el Ejecutivo e indeseable que éste participe en algunas decisiones del banco.
Mario Rodarte E.
Ene 11, 2010 |
1:01

Luego del pleito verbal entre el Banco de México y el resto del mundo, al que ya nos estábamos acostumbrando, acerca del papel que debe jugar el banco en el desarrollo del país, ahora resulta que el recién estrenado gobernador, Agustín Carstens, ha declarado, casi con insistencia, que ahora habrá mayor coordinación entre ese organismo y el gobierno.

Para los señores legisladores que medio le entienden al tema, esto les debió haber sonado maravilloso, aunque a los académicos ortodoxos les debió haber producido un calambre, debido a las múltiples interpretaciones que pueden darse a eso de la mayor coordinación.

Para empezar, como que uno no puede imaginar que sería posible, aunque sí deseable, que el banco central participara en las reuniones de los grupos sesudísimos (si es que los hay), en donde se define y establece la política de tarifas, de aranceles, de subsidios y en general todo lo que tenga que ver con el intervencionismo del gobierno en el funcionamiento del sistema de precios.

Aquí como que sería mejor que decidieran, de una vez por todas, salirse de este peligroso juego que ha destruido mercados y limitado la capacidad de respuesta del sistema para resolver por sí mismo problemas de sobreexplotación de recursos, de escasez y de abundancia artificial que se producen cuando el gobierno actúa pensando que está solucionando mágicamente las cosas, cuando en verdad está poniendo todo de cabeza.

También vemos poco probable y aquí sí, indeseable, que el Banco de México consulte acerca de cuándo y cómo mover las tasas de interés, o la oferta monetaria. Y aunque muchos insistan en que esa institución debe regular tasas y comisiones de la banca, sería mejor que siguiera manteniéndose alejada de este tema.

Con tan sólo sugerir algunas líneas generales, como lo hace ahora, es suficiente. Posiblemente la coordinación ya existe en las áreas en donde sí es necesario, que es en los calendarios y montos para colocación de deuda o en reuniones periódicas de la comisión cambiaria, para establecer y anunciar la política de largo, o mediano plazo, que se seguirá en la materia.

Aparte de estos temas mínimos, sería mejor dejar de producir tentaciones acerca de la posibilidad de que el banco se “coordine” más de cerca con el gobierno.

Ésa sería en definitiva una relación muy peligrosa; tan sólo recordemos la época cuando las finanzas se hacían en Los Pinos y cómo nos fue.

mrodarte@eleconomista.com.mx

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