De regreso a los 30 con Obama
Si quieren pleito lo tendrán, dijo Barack Obama a Wall Street. Anunció la reforma financiera más amplia desde 1933.
Imposible minimizar la propuesta de Obama. Estamos ante la Glass-Steagall del siglo XXI. Aspira a limitar el tamaño de los bancos, prohibir las fusiones y reducir al mínimo las operaciones de riesgo de los grupos financieros.
Los mercados escucharon. Por eso derribaron las acciones de los bancos en Estados Unidos, Inglaterra, España, México... Al discurso de Obama le faltaron detalles técnicos pero le sobró retórica furiosa contra los grupos financieros: “Los contribuyentes no volverán a ser los rehenes de bancos que son muy grandes para quebrar… el sistema financiero es más fuerte que hace un año, pero sigue operando bajo las mismas reglas que lo pusieron al borde del colapso… No podemos regresar a Business as usual”.
El plan de la Casa Blanca pretende deshacer la desregulación financiera que arrancó a fines de los 80 con Alan Greenspan. No es una casualidad que escogiera a Paul Volcker para acompañarlo en la presentación.
Volcker fue el presidente de la Fed que antecedió a Greenspan y es uno de los partidarios más destacados de la regulación del sistema financiero. Él es el autor intelectual del plan que presenta Obama y el más radical pro-regulador del equipo económico de la Casa Blanca.
El proyecto para limitar el tamaño y las libertades de los bancos tiene muchas cosas en común con el conjunto de leyes que impulsó Roosevelt, luego de la Gran Depresión.
Más allá de las cuestiones técnicas, refleja la indignación de amplios sectores de la sociedad estadounidense con el comportamiento de la banca y los ejecutivos bancarios.
La entrega de bonos gordos ha sido el más reciente episodio y es, al parecer, uno de los motivos de la furia de Obama. Los ejecutivos de las grandes firmas han recibido bonos que van en un rango de los 400,000 a los 900,000 dólares. Los analistas de Estados Unidos se refieren a un financiero de Citi que obtuvo 9 millones de dólares, a pesar de que el banco reportó pérdidas.
Además del tamaño de los bonos, está el regreso de la arrogancia: “Nuestros empleados han hecho el trabajo de Dios (God’s work)”, dijo el presidente de Goldman Sachs, Lloyd Blankfein.
Habrá pelea, porque la propuesta de Obama es inadmisible para Wall Street.
“Tratar de regular algo por el puro tamaño es muy peligroso”, dijo David Viniar, el CFO de Goldman Sachs. La Financial Services Roundtable, que representa a los bancos de Estados Unidos, dijo que el plan “restringirá el crédito, incrementará el riesgo, disminuirá la estabilidad del sistema y limitará la creación de empleos”.
El Congreso tendrá la última palabra. El plan sufrirá cambios, pero algo del espíritu regulador quedará. Un tema que no mencionó Barack Obama en su discurso es lo que pasará con los bancos extranjeros que operan en Estados Unidos. Es una cuestión sensible que implica dos riesgos.
Si los extranjeros quedan fuera de la regulación, dejará a los bancos de Estados Unidos en desventaja. Si se incluyen, quitarán competitividad a Wall Street, frente a otros centros financieros.
La discusión no se detendrá en Estados Unidos. El diario británico “The Guardian” reporta que Londres se apresta a debatir nuevas reglas y la Unión Europea está lista para hacer lo propio. México parece otra cosa, pero estamos en la globalización y algo de ese aire llegará hasta acá.







Añadir comentario