La letra con sangre NO entra
Además de todos los aspectos ética y legalmente reprobables que implica, la violencia familiar tiene un efecto negativo sobre las perspectivas de logro académico y carrera salarial de los menores expuestos a ese fenómeno. Con ello, erradicar la violencia de nuestros hogares se convierte en una cuestión de desarrollo económico.
Recientemente llegó a mis manos una investigación en proceso de publicación basada en la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares 2006 (ENDIREH).
El mencionado reporte cuantifica el efecto de la exposición de los menores a la violencia familiar sobre sus perspectivas académicas y de ingreso laboral. Los resultados indican que la violencia en el hogar significa como mínimo un año menos de escolaridad y cuando menos ingresos 13% menores en la vida laboral de los afectados.
Lo anterior, aun cuando con certeza las estadísticas subestiman por mucho la situación real, ya que pocos estaríamos dispuestos a admitir ante un encuestador que hay violencia en nuestros hogares.
Con todo, la ENDIREH reporta que 67% de las mujeres de 15 años y más han sufrido violencia en alguna de sus formas (comunitaria, familiar, patrimonial, escolar, laboral o de pareja).
Entre los hallazgos más interesantes está el hecho de que la violencia familiar no está relegada a los estratos menos educados y más pobres, ya que se presenta en todos los niveles de educación y nivel de ingreso.
De hecho, la exposición a la violencia familiar durante la niñez es un determinante más claro de la violencia familiar en la edad adulta, que el nivel educativo o el nivel de ingreso.
Lo anterior se contrapone con la noción tradicional de que la violencia viene de la ignorancia y la pobreza. De hecho, la prevalencia de la violencia en hogares de alto ingreso y nivel educativo sugiere el argumento en reversa: la violencia contribuye al deterioro de las posibilidades educativas y de ingreso de las personas. Aunque sutil, la diferencia es sustantiva, ya que apoya la idea de que la violencia familiar debe combatirse de manera frontal y activa; en lugar de ser tratada como un problema residual inherente a la pobreza y a la ignorancia.
Contrario al dicho que da título a una pintura de Goya: “La letra con sangre NO entra”.
achacon@eleconomista.com.mx
Armando Chacón







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