Marx y los sindicatos

Credito:

Mario Rodarte E.

Palabras más, palabras menos, Marx afirmaba que los dueños de los medios de producción se apropian de los excedentes de valor que la mano de obra aporta al proceso de producción, a cambio de una bicoca de salario. Hoy en día al maestro le costaría un buen esfuerzo entender conceptos como organización industrial, productividad marginal, capital humano y tasa de rendimiento del capital, aunque aún sin entenderlo, los trabajadores, con una pequeña ayuda de sus amigos, han conseguido cosas antes inimaginables.

Gracias a las leyes laborales en México y al hoy partido tricolor en la oposición, los sindicatos y los trabajadores formales en general reciben pagos muy por encima de su productividad y representan costos demasiado elevados para sus patrones, todo lo que se carga a los consumidores finales.

La reciente extinción de la compañía de luz puso sobre la mesa el asunto de los pagos excesivos que recibían los trabajadores sindicalizados, situación que se repite en Pemex, CFE, y otras empresas con sindicato, aunque también la situación se puede observar en las grandes empresas que generan empleo formal y que recientemente cierran su ciclo de reportes de resultados al cuarto trimestre del 2009.

Los excesos de las empresas y organismos que opera el gobierno le cuestan a la sociedad, a través de las transferencias que se les hacen vía las finanzas públicas, aunque aquí no termina su tormento. Uno tiende a alegrarse cuando las grandes empresas reportan buenas utilidades e indicadores de gestión, aunque si uno observa cómo está la cuestión laboral al interior de las empresas, uno perdería el sueño. Casi al igual que los sindicalizados, los empleados y trabajadores de las grandes empresas reciben todo tipo de prestaciones en dinero, o en especie, que representan un costo laboral excesivo. Sin exagerar uno puede pensar en por lo menos 70 centavos por cada peso gastado en sueldos y salarios. ¿Quién lo paga?

Estos recursos no salen de la billetera de los empresarios, los accionistas o los altos directivos, sino que simple y sencillamente son obtenidos a través de los precios que paga el consumidor final.

Estos precios, de ser más bajos, permitirían que el consumidor tuviera acceso a una canasta más amplia de bienes y servicios, pero que al no tenerla significa que su bienestar se ve reducido. ¿Debemos concluir que al consumidor le va mejor en la economía informal?

mrodarte@eleconomista.com.mx

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