Apoyos, ayudas, rentas
Francisco J. Núñez de la Peña
“Una caridad, por el amor de Dios”. Hace tiempo que no escucho esta expresión. Quizás la sociedad mexicana es cada vez menos creyente en las divinidades.
“¡Que te mantenga el gobierno!” también se usa poco. Pero leo con frecuencia en los periódicos que muchos grupos quieren apoyos de aquél a cambio de... Y no son raras las quejas de que la ayuda recibida es insuficiente.
Cabildear es un verbo conjugado por diversos “grupos de interés”. Es “gestionar con actividad y maña para ganar voluntades en un cuerpo colegiado o corporación”. ¿Y obtener “rentas”?
He leído acerca del “abandono” del campo; de los subsidios a cortadores de caña, ingenios y productores de agave y maíz; de la falta de apoyo a la cinematografía nacional, las actividades “culturales” y las empresas pequeñas; de los estímulos para creadores (artísticos), investigadores (científicos) y deportistas (de alto rendimiento); de los privilegios otorgados por los gobiernos; del contrabando y el comercio informal como “competencia desleal”; de los monopolios públicos y privados; de los notarios; de los obstáculos a la actividad económica. Etcétera.
Existe la Comisión Federal de Reforma Regulatoria, cuyo propósito es “garantizar la transparencia en la elaboración y aplicación de las regulaciones, y que éstas generen beneficios mayores a sus costos para la sociedad”. Leo en su portal: “Revisa y dictamina los proyectos de nueva regulación, para que sean sencillos y fáciles de cumplir […] Realiza propuestas de mejora al marco regulatorio vigente […] Lleva un inventario de trámites federales y busca su simplificación”.
No obstante, en “Doing Business en México 2009” (pág. 7) se afirma: “Una expresión común para describir los trámites burocráticos complejos es ponerles el adjetivo de kafkianos […] Kafka, además de escritor, fue contador público, gerente de una fábrica y agente de seguros, por lo que no era ajeno a la complejidad de los trámites burocráticos. Si Kafka viviera hoy podría conocer mediante la lectura del reporte “Doing Business”, detalles sobre las dificultades de hacer negocios en 181 economías alrededor del mundo”. Al parecer, es difícil hacerlos en Morelos y el Distrito Federal. Sospecho que en esta capital hay, proporcionalmente, más “buscadores de rentas” que en Aguascalientes.
No me sorprende que cada quien busque su interés.
Ni que algunos “piden pan y no les dan” o “piden queso y les dan un hueso”. Ni que haya quienes quieran que el Estado asuma más responsabilidades. Ni que alguien prefiera la ayuda al comercio.
G. Tullock (1986) escribió: “Mi punto no es crítica directa de nuestro sistema […] Es una petición de más honestidad en la forma como hablamos de nuestros programas de transferencias de ingreso.
No es sorprendente que los individuos que son maximizadores de utilidades en la esfera económica también quieran usar al gobierno para aumentar sus ingresos. Ni que los pobres sean relativamente ineptos tanto en el mercado como en la maniobra política necesaria para obtener pagos de transferencia del gobierno. Los pobres dependen de la ayuda que consiguen de los impulsos caritativos de las clases medias. Éstas son reales, pero no gigantescas.
El New Deal no hizo cambios en estos impulsos caritativos. Hizo mucho más fácil, para los miembros de la clase media, tomar los fondos para ellos mismos”.
fnunez@eleconomista.com.mx







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