Ultra económicos
Armando Chacón
Además de beneficios inmediatos en inversión y empleo, la eventual entrada de armadoras de India y China al mercado mexicano traería al consumidor mejores opciones de autos más económicos, así como mayor deman
da para los cerca de 1,000 proveedores de sistemas mecánicos, eléctricos, hidráulicos y componentes en general que surten a las armadoras que invierten en nuestro país para surtir el mercado americano.
En el caso de Tata Motors, la cuarta armadora más grande del mundo (en sociedad estratégica con el grupo Autofin) ganaría acceso al corredor logístico de la industria automotriz basado en el bajío para producir en México camiones pesados y ligeros, y así tener mayor acceso al mercado estadounidense y sudamericano.
Con una inversión inicial de 150 millones de dólares y una producción de al menos 30,000 vehículos anuales, la armadora pagaría su boleto para importar libre de aranceles su línea de automóviles ultra económicos con la que ha sorprendido al mundo entero con precios cercanos a 2,500 dólares por unidad y un rendimiento de unos 24 kilómetros por litro.
La entrada de Tata y sus competidores podría acercar la posibilidad de poseer un auto barato y de bajo consumo de combustible a millones de personas en nuestro país que hoy no pueden acceder a un automóvil, o que de plano manejan vehículos muy viejos que consumen mucha gasolina, contaminan de más y son caros de mantener.
Al parecer, el gobierno está teniendo el buen tino de facilitarles la vida a los inversionistas en este sector tradicionalmente protegido (y que, que por cierto, es uno de los pocos con buenas perspectivas de crecimiento en el corto plazo).
La recuperación tras la crisis requiere mucho más de ese tipo de facilitación. El colapso de las armadoras estadounidenses abrirá sin duda espacio a armadoras de todo el mundo que buscarán aprovechar las ventajas de mercado y logísticas que nuestro país ha logrado desarrollar en las últimas décadas.
Los retos ambientales y de congestión de infraestructura que representará la expansión del número de automovilistas, sin duda cuestionará severamente la sustentabilidad financiera y ambiental de políticas como el subsidio a los combustibles.
El acceso popular a un auto barato, también presiona para que se corrijan los rezagos del transporte público.
achacon@eleconomista.com.mx












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