¿Un Fondo Monetario Internacional para Europa?

Si ya existe el Fondo Monetario Internacional, para qué proponer el establecimiento del Fondo Monetario Europeo. Los políticos del viejo continente únicamente parecen preocupados por los problemas de su zona y desprecian a los organismos de carácter mundial.

La propuesta parece innecesaria por dos razones. En primer lugar, porque el nuevo organismo no podría estar listo para ayudar a Grecia a salir de sus dificultades, que es el caso que ha detonado la polémica.

En segundo, aun sin su intervención directa, el FMI está demostrando su utilidad toda vez que el gobierno griego se ha visto obligado a llevar a cabo precisamente los ajustes que recomienda ese organismo en todos los casos en que se requiere de su intervención.

La propuesta del FME, respaldada por la canciller Angela Merkel, ha encontrado a su principal opositor en Jüergen Stark, consejero del Banco Central Europeo. Acusa Stark que el FME ofrecería “incentivos equivocados”.

Es decir, generaría riesgo moral en los países del área del euro para aflojar su disciplina fiscal al saber que existe un mecanismo para rescatar a los países emproblemados. Asimismo, acusa Stark que el mecanismo sería inequitativo pues requeriría de recursos de los países con finanzas públicas saludables en favor de aquellos que no las tienen.

No necesariamente tiene razón Stark. Difícilmente podría argumentarse que desde su fundación el FMI ha propiciado la adopción de políticas desestabilizadoras en los países del mundo.

Más bien la tendencia ha sido la opuesta. El Fondo siempre ha proclamado las virtudes de la disciplina y los programas que ofrece a los países que piden su ayuda obligan a ajustes muy enérgicos.

Asimismo, si a los europeos les duele el codo en la posible conformación de su FME, el organismo existente les tiene resuelto anticipadamente el problema. El FMI ya existe y tiene conformado un patrimonio que aunque quizás insuficiente en términos globales, ya se encuentra disponible para ser usado de acuerdo con las reglas del organismo.

Hay otra vertiente de crítica que debe explorarse: la de la experiencia. Mientras que el FMI ya existe y trae sobre sus espaldas más de seis décadas de labores, el FME estaría por nacer y “hacer camino al andar”.

¿Por qué no aprovechar lo que ya se tiene y está probado?

bdonatello@eleconomista.com.mx

CREDITO: 

Bruno Donatello

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