El costo de llegar tarde a la crisis
Sergio Mota
La crisis económica mundial que se vivió durante los últimos años advierte que solamente aquellos países que actuaron rápidamente contra ella, ya están logrando su recuperación financiera.
Sin embargo, todavía no superan todos los obstáculos que ésta provocó durante los últimos meses.
Esto último obedece a que si bien al sistema financiero de los países más desarrollados como Estados Unidos, Alemania, Francia o Japón, les dio liquidez suficiente, subsiste el problema que originó la crisis: la falta de regulación.
El gobierno del presidente estadounidense, Barack Obama, ya anunció tres grandes ideas para actuar.
Número Uno. El fortalecimiento de la Reserva Federal como institución reguladora.
Número Dos. La separación de la banca comercial con la de inversión recuperando el contenido de la Ley Glass-Steagall abolida por la administración de Bill Clinton durante la década de los 90.
Número Tres. La división de las entidades financieras más grandes, para evitar que su desplome afecte significativamente a la economía.
En la posición del Presidente estadounidense subyace una acción política contra el abuso de la actividad financiera y una decisión en favor del Estado, que define quién manda en el mundo de la economía, el viejo dilema planteado por el político y sociólogo alemán, Max Weber: los representantes elegidos por los ciudadanos o el mundo de los negocios, la primacía de la política sobre la economía o viceversa.
Hay muchos casos desafortunados de países. El gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero en España cometió el grave error de tardar demasiado en reconocer la realidad y profundidad de la crisis y por consiguiente, en actuar.
Ahora, ya tarde, España es el país con el mayor desempleo dentro de los países que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE): 19.5 por ciento. Este nivel duplica la media de los países de la OCDE.
Consecuentemente hay una gran desconfianza y la oposición política no aporta nada, no propone ni opina. Parecería estar diciendoles: que España se hunda para que me salve yo. Se estima que dentro de los países de la zona europea será el último en salir de la actual crisis.
Algo similar nos pasó a nosotros en México. La crisis no fue oportunamente reconocida en su profundidad.
El resultado es el decrecimiento económico alto en el 2009. También la oposición pareciera que optó por el criterio de “cuanto peor, mejor”.
Falta la confrontación de ideas y pactos para hacer un frente común a la crisis. Es lo que el ciudadano informado, no el ignorante, quiere.
México ha tenido en el pasado diversos pactos, unos para la estabilización y otros para el crecimiento económico y el empleo. Las claves de ellos fueron la participación de actores representativos de la sociedad y los compromisos asumidos.
La mente se asemeja a un paracaídas: trabaja mejor cuando está abierta.
smota@eleconomista.com.mx












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