Represalias comerciales
Bruno Donatello
“Líbrame Señor de las aguas mansas, que de las turbias me libro yo”. El paralelismo es notable.
Así ocurre con las barreras no arancelarias al comercio internacional: son hipócritas, traicioneras y difíciles de denunciar.
Dentro del Tratado de Libre Comercio (TLC) suscrito con Estados Unidos y Canadá una de tales barreras no arancelarias se materializó en la prohibición para que los camiones de carga mexicanos ingresen al territorio estadounidense. Como suele suceder con ese tipo de impedimentos, las razones para justificarlos adoptan 1,000 formas enredadas, caprichosas y muchas a veces hasta (casi) convincentes.
Finalmente, México decidió aplicar las represalias permitidas dentro de ese tratado. En el caso del que me ocupo se han concretado en la aplicación de aranceles punitivos de entre 10 y 45% a 89 productos que EU exporta a México. Particularmente perjudicadas han resultado las exportaciones de papa.
Una de las lecciones de esta controversia es que la libertad comercial no puede prosperar sin reciprocidad y buena voluntad. Es una asimetría inequitativa que los camiones estadounidenses que transportan mercancías ingresen a México y no se permita lo mismo a los camiones mexicanos en territorio estadounidense.
La aplicación de estas sanciones por parte del gobierno mexicano no debe ser motivo de regocijo, sino todo lo contrario. Con acierto, la subsecretaria Leycegui afirmó: “La aplicación de represalias no beneficia a ninguno de los dos países”.
La aplicación de esas represalias elevó la recaudación de aranceles por parte de la aduana mexicana en casi 207 millones de dólares en el 2009. Sin embargo, ese logro debe verse como lo que es: como una victoria pírrica e indeseable. La razón es clara: en el transcurso el bienestar de los consumidores ha resentido deterioro.
Los productores involucrados en incidentes de esta naturaleza que obstruyen el comercio nunca tardan en reaccionar. Es lógico que así sea. John Keeling, vicepresidente del Consejo Nacional de la Papa en EU, confirmó el daño que la represalia ha causado a las exportaciones a México de sus asociados.
Lo que nadie ha explicado es la forma en que la aplicación de esos aranceles punitivos han elevado en México los precios a los consumidores. No hay ninguna razón para suponer que no ocurra así. El producto le llega al consumidor al precio original más el impuesto.
bdonatello@eleconomista.com.mx











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