¿Estabilidad financiera?
Raúl Anibal Feliz
La persistente inestabilidad financiera de Europa es uno de los principales riesgos de la recuperación económica. De nuevo, los bancos en la región del euro son renuentes a prestarse entre ellos excepto a plazos muy cortos, al mismo tiempo que caen los precios de los bonos de algunos de estos países cuya liquidez y solvencia es cuestionada.
Desde el principio se supo que el euro y el Banco Central Europeo (BCE) tenían graves fallas de diseño en su operación, quizá la más importante es la falta de una política fiscal común o un mecanismo de ajuste a choques asimétricos para economías heterogéneas. Los creadores del proyecto buscaron limitar estas fallas a través del Tratado de Maastricht, que requiere a los países miembros cumplir con exigentes parámetros macroeconómicos y excluye explícitamente los rescates financieros de los países miembros, para evitar introducir riesgo moral en los mercados financieros. Los países que no cumplieran sistemáticamente con estas reglas tendrían que salir de la zona del euro.
La historia es conocida. Los criterios de Maastricht no se respetan rigurosamente, Grecia y pronto otros países serán rescatados. Aunque tarde, Europa comienza a dar una solución al problema, con este fin se creó en Luxemburgo hace unas semanas la sociedad anónima Fondo Europeo para la Estabilidad Financiera (EFSF, por sus siglas en ingles). Del cual serán accionistas los 16 países miembros de la zona Euro. Su objetivo es obtener en los mercados financieros recursos para asistir a los países miembros que los necesiten, de acuerdo a reglas estrictas de condicionalidad. La institución emitirá notas, bonos, papel comercial o cualquier otro instrumento financiero apropiado respaldados por un compromiso incondicional e irrevocable de los estados miembros.
El EFSF busca ofrecer financiamiento a los países en problema hasta por 440 mil millones de euros. Sus miembros subscribirán participaciones en el capital de la institución en proporciones similares a sus cuotas en el BCE.
Con el objetivo de garantizar una calificación de crédito AAA para los bonos del EFSF, los países miembros garantizaran el 120% de cada emisión, además de mantener una importante reserva de liquidez. Así, el fondo podrá absorber pérdidas hasta por 88 mil millones de euros sin afectar el valor principal de sus bonos.
El mecanismo de operación es el siguiente: los países deben solicitar recursos del fondo a la Comisión Europea y al BCE. En caso de ser aprobada la solicitud, el EFSF negociará con el país los términos del préstamo. En base a cálculos preliminares se estima que sólo convendrá solicitar la ayuda del fondo cuando el costo del fondeo del país rebasé 6%. En este momento sólo el costo de fondeo de Grecia rebasa este nivel. El EFSF será operativo a partir de agosto, y Portugal y España podrían ser sus primeros clientes.
En principio, este mecanismo operará durante los próximos tres años. Se estima que evolucionará a una nueva institución, quizás el Fondo Monetario Europeo, que coordina los ajustes de las economías de la zona del euro a choques asimétricos y defina un mecanismo de solución a los problemas de deuda soberana. A diferencia del tratado de Maastricht, este mecanismo que defina reglas explicitas para la renegociación y la re-estructura de la deuda soberana. Para evitar reintroducir incentivos perversos, la reestructura debe incluir perdidas para los inversionistas. La próxima operación del EFSF y los programas de compra de deuda del BCE deben mejorar sustancialmente el sentimiento de los mercados.
rfeliz@eleconomista.com.mx









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