Aranceles como represalia
Bruno Donatello
Viendo el asunto con perspectiva histórica, la apertura comercial entre México y Estados Unidos puede considerarse casi un milagro. Sin embargo, son tan fuertes las inercias y los enclaves antagónicos, que en muchas ocasiones no han bastado las convicciones y la voluntad política. A pesar del Tratado de Libre Comercio y de las reclamaciones por parte de las autoridades mexicanas, Estados Unidos sigue sin cumplir con esa cláusula del acuerdo al amparo de la cual los camiones mexicanos cargados con mercancía deberían entrar a ese país y transitar por sus carreteras.
La práctica se conoce en el argot técnico como “barreras no arancelarias” al comercio internacional. Ya lo saben ustedes: aunque el Tratado establezca ese permiso para el tránsito de los camiones mexicanos, éstos “nunca” cumplirán con las especificaciones reglamentarias para su circulación en las carreteras estadounidenses. Lo que está detrás son los intereses de las empresas camioneras de ese país y del poderoso sindicato de los choferes de tráiler (Teamsters).
Ante tal asimetría -para utilizar un eufemismo de ésos que ahora gustan tanto—, las autoridades mexicanas han decidido reaccionar.
¿Cómo? Imponiendo sanciones de represalia contra las exportaciones estadounidenses que tienen como destino el mercado mexicano.
Esta política venía aplicándose desde marzo del 2009, pero en días recientes la Secretaría de Economía decidió intensificarla imponiendo aranceles de castigo a otros 26 productos industriales y agrícolas. Con esta decisión, los productos incluidos en esa estrategia llegan ya a 99 con un volumen de comercio que fluctúa entre 2.5 y 2.6 miles de millones de dólares.
A futuro, el gobierno mexicano aplicará en el caso de esta política el mecanismo conocido como “carrusel” según el cual se impondrán aranceles de represalia en forma rotativa a diversos productos. Se decidió intensificar el enfoque, pues es ya mucho el tiempo durante el cual las autoridades de Estados Unidos han omitido entregar a su contraparte mexicana una propuesta formal para resolver el problema.
¿Qué sucedió? La incertidumbre es una de las situaciones más negativas que pueda haber tanto en las relaciones entre individuos y organizaciones como entre naciones. Desde afuera, todo sugiere que el asunto no se resolverá a nivel de autoridades comerciales. Tendrá que haber una intervención en ámbitos de mayor jerarquía política y administrativa.
bdonatello@eleconomista.com.mx












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