La economía de los antibióticos
Bruno Donatello
La tradición en México de la automedicación y de la prescripción desautorizada es antigua, arraigada, difundida, peligrosa y costosa. Aun si el farmacéutico sobrevalorado recetó la medicina adecuada, la dosis no lo fue como tampoco la duración del tratamiento. Incluso hay casos de médicos que prestan poca atención a los efectos colaterales que pueden tener los antibióticos sobre ciertos pacientes.
Reveladoramente nos enteramos de que en México el gasto en antibióticos sobre el total que se dedica a medicinas es de 14%, mientras que en Brasil asciende a 6% y en España a 4 por ciento. ¿Están expuestos los brasileños y los españoles a un mayor número de infecciones que los mexicanos? Lo más probable es que no sea así. Lo factible es que ese diferencial de incidencias se explique por los factores que motivan esta nota:
automedicación, irresponsabilidad prescriptiva, excesos y falta de control.
Hace varias décadas viví en Canadá y noté el riguroso control del gobierno sobre dos cosas: alcohol y antibióticos. ¿Por qué no en México? Muy posiblemente la respuesta se encuentre en el tortuoso mundo de los intereses creados que en el medio mexicano suelen prevalecer sobre el bienestar colectivo. No hay que hacerse ilusiones: ese gasto tan excesivo en antibióticos es un filón de ganancias para farmacias y laboratorios.
¿Cómo hacer que prevalezca el bienestar colectivo sobre los intereses particularistas? Una forma sería precisamente poniendo controles a la venta de antibióticos para que no puedan venderse simplemente como si fueran golosinas. El complemento debe ser una campaña educativa eficaz para empezar a combatir la muy arraigada cultura de la automedicación. El círculo debería cerrarse con mecanismos efectivos para castigar a los infractores.
Algo que siempre debe preocupar en México es la efectividad de cualquier control. En el camino se atraviesa el mal de todos los males que amenaza a este país: la corrupción nuestra de cada día y que estamos a años luz de poder erradicar.
Ojalá que no ocurra, pero si se imponen las inercias no es imposible que surja un mercado clandestino eficiente en el que pueda adquirirse ilegalmente cualquier antibiótico con tan sólo que el comprador se lo proponga. Con tan sólo que haga contacto con los gestores adecuados.
bdonatello@eleconomista.com.mx







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