Atalaya
Crecimiento y bienestar
La primera reforma estructural a emprender es reinventar al gobierno, pues en décadas éste no ha hecho más que entorpecer el crecimiento.
Mario Rodarte E.
Oct 10, 2010 |
23:48

De nueva cuenta, el Fondo Monetario Internacional redujo la perspectiva de crecimiento de la economía mexicana para el próximo año, aduciendo la posibilidad de que la economía de nuestro vecino país del norte vuelva a caer. También, el Gobernador del banco central se refirió a ello diciendo que la economía mexicana es más resistente y el efecto no sería tan fuerte.

De la forma como nuestras exportaciones están vinculadas con las del vecino país, la estructura de su producción con nuestra nación, la relación del resto de nuestra economía con las actividades exportadoras y la estructura social de nuestra población, el problema según lo vemos desde esta atalaya podría ser peor. La razón es la falta de una política que promueva el crecimiento sostenido, sin que dependa más que de su propia habilidad, iniciativa y visión para mantenerse por mucho tiempo.

Prácticamente por donde volteemos podemos ver ejemplos de acciones y políticas públicas que no han hecho más que entorpecer este proceso de inversión, empleo y bienestar, razón por la cual en varias décadas nuestra economía no crece a una tasa elevada de manera que se convierta en la mejor política social para disminuir la marginación y eliminar la pobreza en forma permanente.

De manera paulatina se han eliminado los incentivos para que la gente trabaje, invierta y genere riqueza; en su lugar existe algún trámite, o alguna gestión gubernamental que en el mejor de los casos añade trámites, tiempo y papeleo, elevando los costos de hacer cualquier cosa y en el peor de ellos generando un área de oportunidad para que surjan ciertos agentes a quienes les interesa obtener rentas por facilitar un proceso y quienes rápidamente enredan a las burocracias para que esta maraña se mantenga y empeore, haciendo que el negocio de las rentas se perpetúe haga más redituable.

No se trata de abrir un nuevo negocio o de operar alguno, sino de competir por un contrato de compras o de obra pública del gobierno, pagar impuestos, contribuciones sociales, o simplemente vivir. Nadie puede estar verdaderamente seguro en ningún sentido de la vida ni en su propiedad ni en su persona ni en su libertad para trabajar y trasladarse o viajar a cualquier lugar de su país.

La gente se atemoriza en cuanto ve los retenes en las carreteras, las grúas de tránsito o incluso a algún oficial de policía. De esa manera, quien debe pensar cómo reinventarse es el gobierno; ésa, nada más y nada menos, debe ser la primera reforma estructural que se lleve a cabo.

mrodarte@eleconomista.com.mx

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