Demagogia sobre ruedas
La idea de pasarle la facultad de cobrar la Tenencia a los estados es un caso de demagogia pura y dura. Según el diccionario, demagogia es “la degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder.
El impuesto no ha desaparecido y algunas entidades podrían conservarlo, como el Distrito Federal, que tendrá que mantenerlo como impuesto verde.
Pero desde que se anunció que en el 2012 el impuesto desaparecía del ámbito federal, han existido enormes incentivos a que desaparezca. De hecho, muchos estados no esperaron al 2012 para eliminarlo (como Chihuahua) o para otorgar descuentos y subsidios de hasta 100 por ciento.
Evidentemente no me gusta nada tener que pagar Tenencia cada año, después de que tuve que pagar el coche, el ISAN y el seguro; sin contar que además de todo, debo pagar ISR por mi salario e IVA en casi todo lo que consumo.
Pero por más que le doy vueltas, más allá de mi conveniencia personal, no encuentro una justificación legítima para sacrificar parte de los 20,000 millones de pesos que se recaudan por concepto de la Tenencia a nivel nacional en beneficio de los propietarios de autos. Los costos públicos que generan los cerca de 20 millones de automóviles particulares, que según el INEGI circulan en el país, son muy significativos.
Entre los costos más directos vienen a la mente la infraestructura de calles, carreteras, puentes, periféricos de varios pisos, semáforos y letreros.
Además, se requiere infraestructura y mucho personal para actividades como registro, verificación, grúas, corralones y policías que dirijan el tránsito, pongan infracciones y persigan a quienes roban los autos del segmento de la población que puede permitirse viajar en auto.
Una buena parte de los 20 millones de automóviles que circulan en el país dejará de contribuir para cubrir todos esos gastos.
Para cubrir el hueco se tendrá que pasar el sombrero a personas y actividades que no están ligadas a la circulación de vehículos.
A los costos anteriores se suman los enormes costos ambientales y el exorbitante impuesto a la gasolina, que le estará pegando a los 170,000 millones de pesos.
Todo este dispendio, en favor del crecimiento en el uso del automóvil y en medio de un panorama anticipado de austeridad económica.
achacon@eleconomista.com.mx











Añadir comentario