Los pendientes
Mario Rodarte E.
Un estudio reciente de la OCDE apunta hacia la ampliación de la diferencia entre el ingreso promedio de los más ricos y el de los más pobres.
Mientras que en España la ampliación en la cobertura y calidad de servicios como educación y salud ha ayudado a compensar esta diferencia y refuerza la cohesión social, en nuestro país es difícil sostener esta aseveración, aunque en el círculo gubernamental todo el aparato de difusión se ha enfocado precisamente a repetir hasta el cansancio que gracias a la cobertura de estos servicios es que se ha evitado un levantamiento social.
La pobreza es posiblemente el común denominador de muchos de los problemas que padecemos actualmente, como la inseguridad, la corrupción, la falta de competitividad, la escasa inversión y la falta de sentido de pertenencia de un grupo creciente de ciudadanos que piensa que vive en un país extranjero porque aquí se le discrimina, es ignorado y cuando mejor le va, se le explota. Sólo es utilizado con fines electorales, en eventos masivos o para participar en actos que cualquier persona con un ingreso relativamente digno y algo de educación y cultura cívica se negaría a apoyar.
La pobreza no es un problema nuevo en nuestro país; tiene origen, por lo menos, desde la época de la colonia, cuando indios y mestizos comprendieron que sólo haciendo lo que el gran señor les pedía podían sobrevivir.
Han pasado muchos gobiernos con ideologías diversas detrás, tanto de izquierda como de derecha y centro, y la situación no sólo no ha mejorado, sino que a veces tiende a empeorar.
Los programas que se diseñaron para supuestamente eliminar el problema tienen un elevado contenido electoral, porque gracias a su aplicación es como se logran dos objetivos fundamentales: uno es que la gente dé su voto al partido que le da recursos o al del funcionario que le da los recursos y, dos, que la gente nunca supere esa situación ingrata, de manera que siempre siga siendo cliente, ellos y su prole, de los nefastos fines de quienes reparten el dinero.
Estamos siendo bombardeados por spots con mensajes que resultan un insulto a la gente, en especial cuando se piensa que es con nuestros recursos que se paga esa basura.
Los candidatos se preocupan sólo por su imagen y a los partidos políticos no les interesa el tema. Éste es sólo uno de los pendientes.
¡Feliz 2012 a todos nuestros lectores!
mrodarte@eleconomista.com.mx











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