La mujer del Gobernador

Credito:

Raúl Aníbal Feliz

Según el historiador Plutarco, la mujer de César no sólo debe ser honesta, sino que además tiene que parecerlo. Lo mismo se aplica a la mujer y entorno del Gobernador de un banco central.

Igual que Pompeya, Kashya, esposa de Philip Hildebrand, gobernador del Banco Nacional de Suiza (SNB), no respetó este principio clásico. Dañada su credibilidad, el marido renunció. La historia es interesante.

El verano del año pasado, el franco suizo parecía invencible. Desde finales del 2007, cuando inició la crisis financiera global, se había revaluado más de 40% frente al dólar y el euro, apoyado por entradas de capital en busca de refugio, a pesar de los mejores esfuerzos en contra del SNB para evitarlo. El nivel de empleo y actividad económica de Suiza estaban en riesgo.

Entonces Kashya, extrader de divisas en el hedge fund Moore Capital, en Nueva York, compró 500,000 dólares con parte de los francos suizos de la venta de una casa de verano de la familia.

Kashya, como muchos (incluido yo), pensaba que el franco suizo estaba ridículamente sobrevaluado. Philip jura que sólo se enteró de la operación un día después y que informó, como debía hacerlo, al SNB, pero no liquidó la operación como sugiere el sentido común.

Tres semanas después, el SNB sorprendió a los mercados al anunciar una nueva política de intervención para limitar el ascenso del franco, sin importar que el SNB no permitirá que el euro baje de 1.2 francos.

La nueva política funcionó. En dos meses el franco cayó más de 20% frente al euro y el dólar.

Kashya también tuvo éxito. Su pequeño trade le generó una ganancia de aproximadamente 70,000 dólares. Pero también hubo perdedores: especuladores del mercado financiero que apostaban a la alza del franco, banqueros y políticos ultraconservadores, que se oponen a la política de intervención del SNB porque temen que llevará a perder dinero y reducir el pago de dividendos.

A diferencia de otros bancos centrales en manos del gobierno/Estado, el SNB es una empresa con algunos inversionistas privados.

Pronto surgieron rumores de que los Hildebrand se habían beneficiado con la nueva política del SNB. El rico, ultranacionalista y conservador empresario Christoph Blocher, líder del Partido del Pueblo, encabezó -con ayuda de medios de comunicación afines- la ofensiva en contra del Gobernador, pidiendo su renuncia. Nadie sabe por qué, pero Blocher lo odia intensamente. Hildebrand le debe parecer la personalización del intervencionismo estatal, un liberal, con agenda multicultural.

Kashya nació en Paquistán. Es musulmana y tiene doble nacionalidad: suiza y estadounidense, cosas que detesta.

Hildebrand sucumbió admitiendo que era prácticamente imposible demostrar que no conocía las intenciones de su esposa. Así termina su breve, pero exitosa carrera como banquero central.

La clave de esta historia es el código de conducta de los Bancos Centrales. La Reserva Federal, el banco central Europeo y el Banco de Inglaterra lo publican en su página de Internet. A sus miembros con acceso a información de mercado relevante se les sugiere poner sus inversiones al cuidado de agentes independientes; si no, deben reportar toda operación personal o de su entorno a una oficina ad hoc de ética. El BCE establece explícitamente que los miembros de su Consejo deben evitar toda situación que genere un conflicto de interés, que signifique una ventaja para ellos, sus familias y amigos.

rfeliz@eleconomista.com.mx

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