La confusión general

Credito:

Mario Rodarte E.

En el país suceden muchas cosas que en apariencia son independientes unas de otras, pero que vistas de cerca deberían relacionarse con el objeto de tener una idea más clara de algunos problemas o simplemente para evaluar mejor algunas decisiones.

Se dio a conocer que el país cayó en el Índice de Libertad Económica, indicador que mide la Fundación Heritage y proporciona una idea de las peripecias que tienen que hacer y enfrentar algunas personas para hacer negocios en algún sitio.

La razón de la caída, se dijo, se encuentra en el debilitamiento del Estado de Derecho y la inestabilidad social derivada de la inseguridad. Aquí no pasa nada a nadie, incluso si es grabado en un video maltratando a una persona; puede ser documentado el mayor fraude al erario y no pasa nada; a diario los hampones se hurtan miles de barriles de petróleo, gasolina y gas, y no pasa nada.

Este ejemplo es copiado cada día por muchos, desde los que buscan trabajo sin encontrarlo, hasta los que desean hacerse ricos sin trabajar.

También se anuncia con bombo y platillo el lanzamiento (¿desesperado?) del programa Mundo Maya, que en opinión de los encargados de la política en la materia va a dejar una derrama significativa al país. Seguramente no se enteraron de la baja en el Índice de Libertad Económica y las razones de la misma.

Por otro lado, llama la atención que los legisladores rechacen la petición ciudadana de que haya reelección de ellos, como un mecanismo para premiar o castigar su desempeño.

Seguramente por sus mentes no pasa el temor al rechazo o castigo ciudadano, a juzgar por el hecho de que la mayoría de ellos lleva metido en algún cargo legislativo varios años y otros más han desempeñado encargos como gobernadores o presidentes municipales y siguen tan campantes.

Están muy seguros de que la pérdida de memoria histórica de la sociedad los favorece. No obstante, cuando se dan a conocer datos e informes de la labor legislativa vemos con enorme desencanto la gran cantidad de cosas que mantienen en la congeladora, sin más razón que los tiempos políticos.

Parece una enorme pérdida de tiempo que cada que llega una nueva administración se ocupe de presentar iniciativas y organizar sus famosas mesas de consulta, cuando quienes deben encargarse de aprobar las medidas propuestas las han revisado en más de una ocasión.
Es una maravilla esto de la confusión general.

mrodarte@eleconomista.com.mx

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