Precipicio fiscal

Credito:

Raúl Aníbal Feliz

El discurso de Ben Bernanke en el Congreso de EU esta semana y la publicación de la minuta de la reunión en junio del Comité de Mercados de la Fed no logran despejar las dudas de analistas y mercados sobre la situación de la economía estadounidense y el curso futuro de las políticas macroeconómicas. Todo apunta a la desaceleración del crecimiento económico en el segundo trimestre a 1.5% desde 2% en el primero. Se crearon 75,000 empleos en el segundo trimestre y la tasa de desempleo detuvo su descenso en 8.2 por ciento. Descendió la confianza del consumidor, cayeron las ventas al menudeo y bajó a su peor nivel, desde el inicio de la recuperación, el indicador manufacturero de junio. Sólo los indicadores del sector de bienes raíces, sumido en una depresión, han superado las expectativas.

Varios factores guardan correlación con esta situación. La crisis económica y financiera en marcha de la eurozona quizá sea el principal, otros la desaceleración de la economía china y de otras importantes economías emergentes, los incrementos del precio del petróleo y de la gasolina en EU hasta el primer trimestre de este año y el llamado precipicio fiscal o fiscal cliff. Estados Unidos consume aproximadamente 20 millones de barriles diarios de petróleo, 6% del PIB, de los que un poco más de 50% es importado. El gasto en energía es equivalente a un impuesto sobre hogares y empresas que reduce su ingreso disponible y el gasto. Entre enero del 2011 y marzo del 2012, el barril del Brent aumentó 29%, esto redujo 1.9% el ingreso disponible de familias y empresas en favor de los productores de petróleo, la mayoría fuera de EU.

El fiscal cliff es un choque fiscal abrupto que puede materializarse en enero del 2013, cuando terminan el conjunto de tasas de impuestos sobre la renta reducidas vigentes desde la administración Bush y se activa el acta de control del presupuesto aprobada en el 2011 en el Congreso. Si antes de que concluya este año los partidos políticos, demócrata y republicano, no alcanzan un acuerdo sobre nuevas tasas de impuesto y de reducción de 1.2 trillones de dólares de gasto público durante la próxima década, el 1 de enero se activan recortes automáticos del gasto militar y social del gobierno y se regresa a las tasas de impuestos sobre la renta anteriores al 2001, sustancialmente mayores que las actuales. En caso de materializarse este choque, seguramente pondrá de nuevo la economía en recesión. Pero aun ahora esta teniendo efectos negativos sobre la economía, reduce la inversión y el gasto de los consumidores al introducir incertidumbre sobre el nivel de la demanda agregada y la carga fiscal durante el próximo año.

La Oficina de Presupuesto del Congreso ha calculado que si se activa el fiscal cliff, la economía registrará una recesión breve en el 2013 y crecerá 1.1 por ciento. Esto refleja el efecto restrictivo de las mayores tasas de impuesto y la reducción del gasto público. El déficit público, que este año se estima en 7% del PIB, caerá a 1.5% durante el 2013 y el 2022. La deuda en manos privadas se reduce de 75 a 62% en el 2022. Los ingresos del gobierno aumentan rápidamente; 30% entre el 2012 y el 2014. Se obtiene una significativa mejora en las perspectivas de mediano plazo de la situación fiscal al costo de una nueva recesión.

Existe una mejor opción. Un acuerdo político sobre un programa de mediano plazo que garantice la solvencia del Estado y que, al mismo tiempo, permita la instrumentación de una política fiscal menos restrictiva en el corto plazo. Mucho me temo que este asunto no se abordará sino hasta después de las elecciones presidenciales de noviembre.

rfeliz@eleconomista.com.mx