Nuevo reglamento 
de tránsito

Credito:

Bruno Donatello

Fortalecer los incentivos para que exista mayor orden y disciplina en materia de tránsito vehicular es un objetivo deseable desde el punto de vista del bien común. Si estuviéramos en Oslo o Tokio, sería de esperar que la finalidad indicada pudiera alcanzarse con una elevación de las multas y de los castigos a los conductores que incumplen con las normas de tránsito. Por desgracia, no vivimos en Oslo ni en Tokio. Los servidores públicos que vigilan el tránsito y hacen que se cumpla el reglamento correspondiente se encuentran a años luz en materia de capacitación y solvencia moral de sus similares en las ciudades mencionadas o en todas las demás imaginables de países del primer mundo.

Se dará así con el nuevo Reglamento de Tránsito Metropolitano, que entrará en vigor en mayo del 2013, una situación de hecho que distará drásticamente de la situación de iure que motivó su expedición. La principal consecuencia previsible es que se incremente el monto de los cohechos o mordidas cuyo cobro es tradición bien enraizada en nuestros previsibles y conocidos agentes de tránsito.

Dos son las grandes novedades en el nuevo Reglamento. La primera, respecto del incremento de hasta 2,000% en las multas aplicables a camiones pesados; la segunda, la implementación de un sistema de puntos para los automovilistas que reciban infracciones, de manera que se les suspenda la licencia por tres años al sumar 12 puntos. Desde ya, es posible prever que para los automovilistas esos puntos tendrán un precio o un costo en el mercado clandestino que existe desde hace décadas para librarse in situ de las infracciones de tránsito.

Lo mismo ocurrirá para la elevación de las multas aplicables a los camiones grandes en cuyo funcionamiento nuestros esforzados policías de tránsito siempre han encontrado un rico filón de ingresos. Y a este último caso cabe agregar otra particularidad. Toda vez que esos camiones transportan productos y mercaderías que en última instancia adquieren los consumidores, es previsible que las empresas transportistas vayan a buscar la manera de repercutir en sus tarifas el incremento de las mordidas que van a pagar. De manera que lo que cabe esperar es que los cohechos que enteren esos transportistas a los mordelones serán, en última instancia, absorbidos por los consumidores: la ciudadanía.

bdonatello@eleconomista.com.mx