Dos claves
El triunfo de Trump está permitiendo al presidente encarrilar las fichas rumbo al 2018.
Verónica Ortiz Ortega
Ene 5, 2017 |
20:58
compartir

El reacomodo en el gabinete presidencial —léase el regreso de Luis Videgaray— debe verse en dos claves de tiempo: 2017 y 2018.

Desde el punto de vista del presidente Peña, el movimiento tiene una lógica impecable. La reincorporación de Videgaray viene a solucionar dos problemas cruciales que enfrenta en el último tercio de su sexenio. A saber, la relación con el nuevo gobierno de Estados Unidos (2017) y la sucesión presidencial (2018).

En el primer caso, el “pecado” de Videgaray de ser el artífice de la visita del entonces candidato Donald Trump a nuestro país quedó redimido a los ojos del presidente con el triunfo de este último en la elección de noviembre pasado. Más aún, el ex secretario de Hacienda es el único funcionario mexicano con acceso al entorno inmediato de Trump.

En el segundo tema, tradicionalmente los presidentes buscan un perfil de sucesor dependiendo de los desafíos que enfrentan al final de su mandato. Es claro que Enrique Peña vislumbra los temas económicos, no los políticos, como los de mayor amenaza y que considera al nuevo canciller como el único capaz de enfrentar los retos económicos del exterior, los domésticos y, más importante, de preservar su legado en términos de las reformas estructurales que tomarán otros años más para rendir frutos.

Paradójicamente, en este contexto el triunfo de Trump está permitiendo al presidente recuperar a su más cercano colaborador y encarrilar (desde su óptica, insisto) las fichas rumbo al 2018.

No cabe duda de que el reempoderado Videgaray no sólo estará al frente de la estrategia diplomática, sino que liderará la defensa comercial de México ante la administración Trump.

Sin embargo, la tarea no será fácil, como quedó demostrado luego de la malhadada visita a México. Trump no modificará sus planes y las consecuencias ya las estamos sufriendo, incluso antes de que tome posesión de su cargo.

Y más complicado se ve el 2018. Ciertamente, como candidato, Videgaray podría enfrentarse y salir airoso de un debate con AMLO, Anaya o Margarita.

El problema es que las habilidades políticas de Videgaray pueden resultar insuficientes para convencer a una ciudadanía que ha mostrado su hartazgo y está castigando a una clase política privilegiada, arrogante y distante de los problemas de la gente.

Las elecciones intermedias del 2015 y, sobre todo, la renovación de gubernaturas del 2016, dio muestra de ello. La corrupción, la impunidad, la inseguridad, la ausencia de autoridad están determinando el voto ciudadano.

Al final del día, la falta de atención a estos problemas puede pesar más en el 2018 que el acercamiento con el personaje norteamericano más repudiado por los mexicanos.

0 Comentarios
Comentarios
Periódico El Economista es una empresa de