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Verdes, ricos y/o ilustrados

Salta por doquier la evidencia de que riqueza y medio ambiente son parientes cercanos, a pesar del pobrismo militante que ha dominado un debate que podría llamarse la economía política de la sustentabilidad.

Para mi amigo
Víctor Meza.

Salta por doquier la evidencia de que riqueza y medio ambiente son parientes cercanos, a pesar del pobrismo militante que ha dominado un debate que podría llamarse la economía política de la sustentabilidad. No hay evidencia que soporte la imaginería candorosa del small is beautiful y de las fantasías bucólicas de comunidades campesinas tradicionales como sujetos históricos de una nueva sociedad en armonía con la naturaleza. Cierto que hay ejemplos virtuosos y excepcionales por aquí y por allá (tal vez, por fortuna, en número creciente), pero, por regla general, la pobreza y los pobres se asocian con un medio degradado y una naturaleza saqueada y exhausta, sin esperanza.

Nuevamente, lo corroboran Daniel Esty de Yale y Marc Levy de Columbia que han dirigido un elocuente trabajo que se expresa en el Índice de Desempeño Ambiental 2008 (IDA) referido a 149 naciones, y que califica de manera rigurosa -con una metodología transparente y objetiva- la situación del medio ambiente en cada país.

Éste se construye a partir de información sobre sistemas físicos y ecosistemas, considerando aspectos de salud ambiental, calidad del agua, y calidad del aire; biodiversidad y hábitat, lo que incluye bosques, pesquerías, áreas protegidas terrestres y marinas, contemplando variables representativas sobre pesca de arrastre, estrés agrícola sobre disponibilidad de agua, quemas y deforestación, y subsidios perversos. Desde luego, también se incorpora información sobre emisiones de gases de efecto invernadero. En todo caso, el IDA capta de manera integrada y coherente todo el mosaico interactuante de ámbitos y procesos ambientales relevantes en materia de política pública.

La correlación entre riqueza y alto desempeño ambiental es notable, desechando las anomalías representadas por los petroestados del medio oriente. Encabezan la lista de calificaciones Suiza, Suecia, Noruega y Finlandia, para asombro de muchos, les sigue Costa Rica. La riqueza marca la pauta en medio ambiente, al igual que la ilustración, o dicho de otra forma, las virtudes cívicas, notables en Costa Rica dentro del contexto latinoamericano, al igual que en Colombia (noveno lugar), país cuya estrella brilla cada día más en este y otros cielos.

Los primeros 30 países de la lista son, casi todos ellos, desarrollados; Estados Unidos se desploma hasta el lugar 39 sólo por su adicción a los combustibles fósiles y las emisiones consecuentes de gases de efecto invernadero. Los últimos, son los más pobres, desde Bolivia y Haití, hasta Níger, Chad y Mauritania. China y la India caen al último tercio de la tabla, aunque China en un sitio más decoroso, a pesar del estado angustioso de sus aguas y aire, por los extraordinarios esfuerzos de control de contaminación y reforestación que ha emprendido. México ocupa el lugar 47.

Por cierto, hace algunos años, dentro de México, y a escala de entidades federativas, la correlación entre riqueza e ilustración y desempeño ambiental sería similar de acuerdo con un estudio realizado hace años por el que esto escribe: los estados ambientalmente más avanzados son los de ingresos más altos (Nuevo León, Aguascalientes, Baja California), los de mayor deterioro ambiental son los más pobres (Oaxaca, Chiapas, Guerrero, Hidalgo).

Es casi obvio que la riqueza tiene como fuente al crecimiento económico, al ahorro y a la inversión, y éstas, al respeto a la ley, a una buena educación, a mercados eficientes, y a un gobierno competente. Esto mismo explica el desempeño ambiental de cada sociedad. Parafraseando a Artigas: seamos tan ricos como ilustrados (que la sustentabilidad ambiental vendrá sola).

Crédito: Gabriel Quadri
Publicado el 24/07/08 a las 22:44 | 59 Lecturas.
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