Productos orgánicos brillan en el extranjero

Credito:

Fabiola Naranjo / El Economista

Foto EE: Archivo

En México, cada año se generan alrededor de 750,000 toneladas de productos orgánicos, de los cuales 85% se comercializa en el extranjero, debido a que este mercado está mejor informado de los beneficios en la salud de los consumidores y en los menores impactos medioambientales.

Cifras de la Asociación Impulso Orgánico Mexicano muestran que en el 2012 la mayor producción nacional fue recibida por Estados Unidos, Canadá, Japón y algunos otros de la Unión Europea, confirmando la calidad de los productos del país.

En cambio, en México los agricultores tienen todavía un gran campo de acción, ya que el 15% restante de la producción es distribuida en tiendas de auto servicio con productos convencionales y en tiendas naturistas, tianguis y cafeterías.

La poca respuesta de los consumidores locales hacia los alimentos libres de químicos y pesticidas, se debe a la falta de información de las cualidades de estos para la salud y el medio ambiente.

“Al evitar el uso de agroquímicos en las cosechas, los productos orgánicos disminuyen los riesgos de salud para quienes los consumen; reducen el desgaste del suelo y tiene un menor impacto en el medio ambiente; sin embargo, los consumidores desconocen esta información”, dijo Jesús Ortiz Haro, presidente de la Asociación.

Y es que en México se podrían incrementar el número de cultivos en el país, ya que hoy existen unas 512,000 hectáreas de producción orgánica que son trabajadas por unos 170,000 agricultores, de los cuales 94% son de pequeña escala, es decir, cada uno cuenta con un promedio de 3 hectáreas de siembra, comentó por su parte Rita Schwentesius, académica de la Universidad Autónoma de Chapingo.

“Esta cifra coloca a México en el tercer lugar a nivel mundial en la producción de alimentos orgánicos, por la cantidad de personas involucradas en la actividad, detrás de India y Uganda, con 677,000 y 188,000 productores respectivamente”, detalló la especialista.


CERTIFICACIÓN, LA CLAVE

Quienes laboran en el sector orgánico se enfrentan también al reto de diferenciar, en los puntos de venta, sus productos de aquellos que son cultivados con agroquímicos, por lo que una de las recomendaciones de Homero Blas, presidente Sociedad Mexicana de Producción Orgánica, es la obtención de una certificación para etiquetar sus productos como orgánicos.

En México existen dos formas de certificar una producción: a través de agencias registradas ante el Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica) y la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa) o por medio de la legitimación participativa, esto según la Ley de Productos Orgánicos.

“Los reconocimientos que otorgan las certificadoras tienen vigencia anual y su costo oscila entre 10,000 y 50,000 pesos dependiendo del tamaño del área de siembra y el tipo de la producción a certificar”, detalló el representante de Impulso Orgánico, quien agregó que para reducir el costo los agricultores se pueden agrupar para certificar un mismo tipo de cultivo.

De acuerdo con los expertos, una certificación puede tardar entre dos y tres años, pues se deben erradicar todo tipo de químicos de los campos de cultivo y aplicar una estrategia de trazabilidad que permita conocer el trayecto que siguen los productos desde el momento que son sembrados hasta que se ofrecen a los consumidores en el punto de venta.

“Una vez que lo han logrado, sus expectativas de rentabilidad son altas, pues la demanda internacional de productos orgánicos está insatisfecha, lo que asegura el éxito de aquellos emprendedores y productores que ingresen al mercado”, explicó Homero Blas.

De acuerdo con la Sagarpa, en el país hay más de 45 tipos de productos orgánicos certificados; sin embargo, en la opinión de Jesús Ortiz, la mayor oportunidad está en los cultivos de alimentos tropicales que no se producen en los países desarrollados como café, mango, plátano, aguacate, cacao, jamaica, cítricos, papaya y coco.

fabiola.naranjo@eleconomista.mx
apr