Agenda catastrófica III

Mi queridísima Caro:

No te imaginas cuanto me he acordado de ti desde que salí del avión aquí, en Cancún, el sitio que desde hoy, he rebautizado como la Bella airosa del sureste mexicano.

Venía yo vestida para el calorcito del mediodía y casi muero ¡Congelada!
Yo me esperaba todo. Lidiar con la gente de relaciones públicas para conseguir exclusivas, enfrentarme a los guardias de seguridad de los ministros de finanzas de América Latina y hasta soportar estoicamente los excesos de los spring breakers….

Pero nadie jamás me advirtió que el cambio climático diría ¡presente! En esta reunión del BID.

Afortunadamente mi gran ñoñez –como dices tú- me hizo traer dos sacos blancos. De no ser por uno de ellos, me sería imposible escribirte desde el Caribe mexicano.

Tengo mis piecitos congelados. La punta de la nariz fría y mis condiciones empeoran si tomas en cuenta que el silbido del viento y el oleaje del mar me están atemorizando.

Mi querida Caro. Dirás que estoy paranoica… pero cómo me acuerdo de tus sabias palabras “tras los huracanes del niño y la niña, las aseguradoras recomendaron a los hoteles no utilizar ventanales ni construir cerca del mar”.

Ahorita imagino que el hermoso hotel donde me hospedo debe estar pagando una altísima prima de siniestralidad… ¿es así como se dice? Es que mi habitación está en el primer piso, tiene vista al mar y un amplísimo ventanal de piso a techo y de pared a pared que te deja apreciar en su máxima belleza el impacto marino del viento caribeño.

No es que sea paranóica…

Pero hasta un compañerito de vuelo –un niño de unos siete años que venía detrás de mí- le dijo a su papá que estaba muy bonito el mar, pero que tenía miedo… porque había visto en la televisión que a veces, las olas destruían todo.

Me parece que sufro de paranoia colectiva… o algo parecido…

En fin amiga, seguiré reporteando el cambio climático desde Cancún.
Espero enviarte antes del lunes, mi primer entrega con las declaraciones que ya me dio en exclusiva para nuestro Blog, el representante del BID en México, Ellis Juan.

Un cálido abrazo, desde la bella airosa del sureste mexicano,

Yolanda

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