Prometen castigos ante nueva represión egipcia

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Ernesto Londoño y Leila Fadel / The Washington Post

El Cairo. El primer ministro de Egipto, Essam Sharaf, prometió este lunes una investigación a fondo de la violencia suscitada el domingo, que enfrentó a manifestantes coptos cristianos con el Ejército, en los disturbios más sangrientos desde que el líder autocrático, Hosni Mubarak, fuera derrocado en febrero.

Al menos 23 personas resultaron muertas y otras 200 heridas en el centro de la capital el domingo por la noche, algunos de ellos por vehículos de la policía. Según versiones de activistas y trabajadores de derechos humanos, el Ejército disparó contra los manifestantes.

La violencia se inició cuando individuos vestidos de civiles atacaron a los manifestantes cristianos. Pronto, otros cristianos y musulmanes se encaminaron hacia la zona céntrica, donde se enfrentaron a las fuerzas de seguridad durante varias horas.

Los manifestantes quemaron vehículos de la policía en una simbólica avenida y hacia la noche del domingo el Ejército envió vehículos blindados a la Plaza Tahrir para dispersar a los manifestantes.

Las protestas contra la represión del gobierno se extendieron a la segunda ciudad del país, Alejandría, donde según algunos residentes, miles de manifestantes se reunieron frente a un centro de comando militar, bloqueando varias calles. El lunes por la mañana, tanto en El Cairo como en Alejandría los equipos de limpieza se apresuraron a remover los escombros de las calles.

Según muchos manifestantes, el nuevo gobierno militar de Egipto no tolera a los cristianos coptos y ha lanzado una persecución en su contra. Por otro lado, la violencia del domingo parece indicar que la población ha perdido la confianza en los militares, que llevan meses prometiendo la integración de un nuevo gobierno, libremente electo, sin registrar avances.

En las manifestaciones de El Cairo, las multitudes pareceían estar unidas en contra del Mariscal de Campo Tantawi, quien encabeza el gobierno provisional de los militares.

Según muchos egipcios, el ritmo lento de las reformas prometidas por el Ejército, aunado a los crecientes problemas económicos del país podrían generar una nueva revuelta popular. Muchos reaccionaron con irritación ante la propuesta del gobierno de posponer las elecciones presidenciales hasta el 2013, cuando la promesa original tras la caída de Mubarak había sido de fines del 2011.

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