Inicia juicio del carnicero de Srebrenica, Ratko Mladić
Associated Press
La Haya. Ya no es el general arrogante que tenía a Sarajevo en la palma de su mano durante el periodo de la Guerra de Bosnia entre 1992 y 1995.
Sin embargo, mientras arranca su tan esperado juicio por genocidio ayer, Ratko Mladić se las arregló para volver a abrir viejas heridas con un simple movimiento de su mano.
Con un cojeo fruto de un derrame cerebral, vestido con un traje en lugar de uniforme de combate, el frágil acusado de 70 años de edad tuvo un airado intercambio de gesticulaciones con las familias de las víctimas de la masacre en la tribuna del público, sólo separados por el cristal blindado en la sala.
“Buitre”, le gritó una mujer en la tribuna.
Mientras observaba el juicio en la televisión en Bosnia, una residente local, Mevlija Malic, manifestó: “Ni siquiera un animal se habría comportado así”.
Mladić está acusado de comandar las tropas serbobosnias que libraron una campaña de asesinatos y persecuciones en contra de musulmanes y croatas para desplazarlos del territorio que consideraban parte de Serbia. Sus tropas lanzaron una lluvia de proyectiles y balas en contra de la población civil durante el asedio de 44 meses a la capital bosnia, Sarajevo, y mataron a 8,000 hombres y niños musulmanes en Srebrenica en julio de 1995, la peor masacre en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.
“El mundo observó con incredulidad que en los barrios y pueblos de Europa un genocidio parecía estar en progreso”, expuso el fiscal Dermot Groome ante el tribunal de la ONU en La Haya.
Veinte años después de una guerra que dejó 100,000 muertos, Bosnia sigue dividida en dos miniestados, uno para los serbios y el otro compartido por musulmanes bosnios y croatas, unidos por un gobierno central.
Mladić huyó después de la guerra y pasó 15 años como fugitivo antes de que la presión internacional sobre Serbia llevara a su arresto el año pasado. Ahora está recluido en una celda del ala internacional de una cárcel holandesa y recibe alimentos y atención médica que probablemente muchos envidiarían en Bosnia.
Sin embargo, el hecho de que esté encarcelado y sea juzgado es visto como otra victoria para la justicia internacional y es aclamada por los observadores como la prueba de que los tribunales para crímenes de guerra logran que se procesen a los sospechosos, aunque tome varios años.










