La demografía lo explica
¿Por qué algunos países aman o rechazan a los refugiados?
Sólo el fin de semana pasado 20,000 refugiados llegaron a Múnich, Alemania, el mismo número de personas que Gran Bretaña quiere reubicar, en un lapso de cinco años.
Rick Noack / The Washington Post
Sep 9, 2015 |
1:27
El creciente desarrollo de un país y su población dice mucho sobre sus intenciones de ayuda. Foto: Reuters

Después de que cientos de alemanes dieran la bienvenida a miles de refugiados el fin de semana, gran parte de Europa vio con asombro ese gesto.

Pero por el contrario y en un gesto totalmente diferente al de Alemania, en Hungría casi todos los refugiados que han llegado al país —un país con políticas restrictivas de migración - han acusado a las autoridades de realizar tratos inhumanos en su contra. Pero ¿por qué hay esas profundas divisiones dentro de Europa? ¿Por qué algunos países dan la bienvenida a los refugiados, mientras que otros hacen todo lo posible para mantenerlos lejos?

Las razones son muchas, pero una que destaca es su demografía. En Alemania, por ejemplo, una población que envejece rápidamente se está convirtiendo cada vez más consciente de la necesidad de dar la bienvenida a los extranjeros. Otros países, donde la tendencia al envejecimiento es mucho menos grave, tienen menos incentivos para dar la bienvenida a los recién llegados.

La empatía y la historia nazi del país —que convirtió a Europa en un campo de batalla y más tarde obligó a muchos alemanes a huir de la guerra— podrían explicar el entusiasmo del país para ayudar a los refugiados actualmente. Pero hay otro factor que pocos abiertamente reconocen de inmediato: Alemania realmente los necesita.

Alemania se está reduciendo rápidamente y se espera que la tendencia empeore en los próximos años. Para el 2060, habría solamente de 68 millones a 73 millones de personas en Alemania, de acuerdo con las actuales predicciones de la oficina de estadísticas del país —en comparación con los más de 81 millones de ahora.

Ya en la actualidad, Alemania carece de jóvenes y trabajadores calificados. Las empresas no son capaces de llenar cientos de miles de puestos porque no pueden encontrar suficientes solicitantes.

Tal pensamiento económico hace que Alemania sea distinta a Suecia. El gobierno sueco ha sido históricamente entre los más acogedores del mundo cuando se trata de refugiados, lo que explica su rápida reacción en la crisis actual. Aunque el gobierno permite a los solicitantes de asilo trabajar de inmediato, las posibilidades de encontrar un trabajo a largo plazo son bajas. Casi la mitad de todas las personas de los nacidos en el extranjero de 25 a 64 años está desempleada.

“Simplemente no hay muchos puestos de trabajo para los pocos calificados”, dijo Tino Sanandaji, economista sueco con el Instituto de Investigación de Economía Industrial.

En cambio, Gran Bretaña es una de las excepciones demográficas de Europa: se prevé que se convierta en el país más poblado de Europa en el 2060, gracias a las tasas de migración y de fertilidad que son superiores a la mayoría de sus vecinos, de acuerdo con la Comisión Europea.

A pesar de los esfuerzos de Alemania para atraer a los refugiados y la renuencia del Reino Unido a ello, las previsiones actuales predicen una proporción de migrantes de 14% para Reino Unido, pero sólo de 9 % para Alemania en el 2060. En Gran Bretaña, el primer ministro, David Cameron, ha lanzado recientemente un programa de reasentamiento de 20,000 refugiados adicionales que permitirían asilo a los más débiles.

La sugerencia de que Gran Bretaña está actuando moralmente más que Alemania y Austria puede sonar cínico en esos países: sólo el fin de semana pasado 20,000 refugiados llegaron a Múnich, el mismo número de personas que Bretaña ahora quiere reubicar, en un lapso de cinco años.

Pero al igual que Gran Bretaña, Francia es uno de los pocos países en Europa con una población en crecimiento, gracias a la migración y una alta tasa de fertilidad. Lo que es particularmente llamativo en el país. Mientras tanto, el país está en alerta máxima persistentemente para prevenir posibles ataques terroristas.

Contrariamente a Francia, muchos países de Europa del Este se enfrentan a una disminución de la población. Sin embargo, se niegan a admitir más refugiados. Hungría, que ha construido recientemente un muro en la frontera, se ha convertido en el caso más prominente: el primer ministro del país reclamó la semana pasada que estaba defendiendo el cristianismo europeo contra un influjo musulmán. El declive demográfico del país, sin embargo, también podría ser considerado crítico: en el 2030, la población de Hungría habría disminuido en 5.8 por ciento.

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