pese a un cese de hostilidades
Una pequeña guerra mundial hace estragos en Alepo
La guerra civil de Siria hace mucho se transformó en un conflicto apoderado, en el que compiten las potencias mundiales que respaldan a la oposición contra las que apoyan al presidente Bashar al-Assad.
Liz Sly y Loveday Morris / The Washington Post
Feb 15, 2016 |
23:18
Foto: AFP
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Kilis. A través de los olivares y campos de trigo de la provincia de Alepo en Siria, una batalla de dimensiones globales corre el riesgo de estallar en un enfrentamiento más amplio.

Aviones de combate rusos bombardean desde el cielo. Milicias iraquíes y libanesas, ayudadas por asesores iraníes, avanzan por el suelo. Un grupo de rebeldes sirios, apoyado por Estados Unidos, Turquía, Arabia Saudita y Qatar, lucha para contenerlos. Fuerzas kurdas aliadas a Washington y Moscú toman ventaja del caos para extenderse a los territorios curdos. El Estado Islámico ha tomado un par de pequeños pueblos, mientras que toda la atención se centraba en los otros grupos.

Por delante de un supuesto “cese de hostilidades”, negociado por las potencias mundiales y que debía implementarse una semana después de su firma, el conflicto sólo parece ir en aumento.

La guerra civil de Siria hace mucho se transformó en un conflicto apoderado, en el que compiten las potencias mundiales que respaldan a las facciones rivales sirias contra las que apoyan al presidente Bashar al-Assad.

Pero tal vez nunca antes los peligros —o las complicaciones— de lo que equivale a una pequeña guerra mundial habían sido tan evidentes como lo vivido en la batalla por el control de Alepo.

Por ahora, el foco de los combates es el interior rural de Alepo, un paisaje de tierras de cultivo y ciudades que constantemente están siendo pulverizadas por los implacables bombardeos rusos. Los residentes han dicho que la intensidad de los ataques ha aumentado desde el anuncio del acuerdo de alto el fuego, tal vez porque Rusia y sus aliados buscan maximizar sus ganancias por delante del acuerdo.

La derrota de los rebeldes en Alepo permitiría al gobierno de al-Assad rodear y eventualmente aplastar a los rebeldes en una de sus fortalezas, quizás infligir un golpe decisivo a los cinco años de rebelión contra el régimen del presidente sirio.

Pero hay más en juego que el resultado de la guerra de Siria. La ofensiva en Alepo afirma la posición de Moscú como una potencia regional dominante en el corazón de Medio Oriente. Los avances de las milicias iraquíes y libaneses chiitas extienden la influencia de Irán mucho más allá del eje chiita tradicional de influencia sobre áreas sunitas al norte de Siria. Aunque el ejército de Siria se está colgando las victorias, los rebeldes, los expertos militares y los videos de combatientes indican lo contrario, ya que afirman que casi todos los avances son realizados por el movimiento libanés Hezbollah, la Brigada Badr iraquí, Harakat al-Nujaba y otras milicias chiitas iraquíes que son patrocinadas por Irán.

Mientras tanto, el campo de Alepo se está vaciando. Decenas de miles de personas se han trasladado al norte de la frontera con Turquía para escapar de los ataques aéreos, donde están siendo bloqueados por un gobierno turco que aloja a 2.5 millones de refugiados sirios.

Atacan hospitales y escuelas

Cerca de 50 civiles murieron por ataques aéreos contra hospitales y dos escuelas en el norte de Siria, informó la ONU profundizando la crisis humanitaria en el país a pesar de los planes de un alto al fuego temporal.

Según informes de activistas de la oposición, los ataques fueron de aeronaves rusas. En uno de los ataques aéreos en la provincia de Idlib fue destruida una clínica improvisada que funciona con apoyo del grupo humanitario internacional Médicos Sin Fronteras; mientras que, en la vecina provincia de Alepo, un misil dio contra un hospital infantil en la localidad de Azaz, donde dejó al menos cinco muertos y decenas de heridos.

El tercer ataque aéreo fue contra una escuela en una aldea cercana. Siete personas murieron y varias resultaron heridas en esa acción.

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