Vamos a deshacernos de los drive-through
El drive-through o servicio al auto funciona bajo la creencia de que deberíamos ser capaces de hacer todo lo que deseamos dentro del automóvil.
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Muchos norteamericanos conducen hoy en día —86% de nosotros usa el auto para ir trabajar cada mañana— porque hemos hecho de conducir algo increíblemente fácil en este país. Hemos construido estacionamientos. No esperamos que los usuarios paguen el verdadero costo del mantenimiento de las carreteras. Y de muchas maneras, hemos dado prioridad a los coches sobre casi cualquier otra forma de transporte.

Y luego está el drive-through (servicio al auto), el último símbolo de la forma en que hemos construido el mundo que nos rodea bajo la creencia de que deberíamos ser capaces de hacer todo lo que deseamos, tan convenientemente como sea posible, dentro del automóvil. ¡Tomarse un café, realizar operaciones bancarias o recoger el almuerzo sin salir del coche! Y luego, ¡comerlo allí también!

El encanto del drive-through es que es un lugar fascinante para empezar a pensar en la cultura del automóvil y cómo podemos cambiarlo. Minneapolis, según Eric Roper del Star Tribune, está sopesando esta cuestión, con posibles nuevas regulaciones destinadas a frenar su proliferación. Algunos líderes en Minneapolis quieren tomar medidas drásticas contra los drive-through, a favor de personas que viajan a pie. Un cambio a la reglas de urbanismo, en sus primeras etapas, restringiría aun más los lugares donde podrían instalarse más servicios de drive-through en la ciudad.

“Las calles donde una gran cantidad de personas van caminando, tal vez no quieran tener un drive-through en absoluto”, dijo la concejal Lisa Bender, que patrocinó la propuesta junto con Lisa Goodman. “Si lo hacemos, podemos fortalecer nuestros controles y minimizar su impacto en la gente que anda a pie”.

Los drive-through convierten las aceras en carreteras, las hacen incompatibles con la gente de a pie. Y, como los funcionarios en Minneapolis refieren, los coches contribuyen a la contaminación.

En algunos casos, los drive-through todavía pueden tener sentido; hacen más fácil el acceso a la medicina en las farmacias para los ancianos y los padres abrumados. Sin embargo, la idea es un producto de la creencia de que debemos diseñar comunidades alrededor de los autos —a expensas de quienes que no los usan.

Emily Badger es reportera sobre política urbana del Wonkblog.

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