Podemos declarar el fin de los Estados Unidos cristianos
¿Cuál es el papel del discurso religioso en las elecciones presidenciales estadounidenses?
Foto: AP
relacionadas
compartir

Las elecciones políticas son en igual medida tanto para los que se eligen como para los que eventualmente serán elegidos. Si cada voto representa lo que un votante cree y espera, entonces la persona elegida realmente es una magnificación de los deseos que el votante tiene.

Por eso las elecciones son tan fascinantes. Cada cuatro años, los estadounidenses pintan de manera colectiva y presentan al mundo una imagen que comunica sus aspiraciones y temores. Es un cuadro que nos permite ver el carácter de una nación.

Cuando me mudé de Canadá a Estados Unidos hace 30 años, me dijeron en repetidas ocasiones que Estados Unidos es una nación cristiana. No es simplemente que Estados Unidos tiene muchos cristianos autoprofesados que viven dentro de sus fronteras. La identidad estadounidense en su conjunto, su historia y su destino, están de alguna manera ligada al cristianismo.

Los líderes políticos sienten la necesidad de parecer cristianos, dicen cosas que los cristianos dirían, se presenta en instituciones cristianas y terminan sus discursos con “¡Dios bendiga a América!”. El dinero estadounidense proclama: “En Dios confiamos”. ¿Qué podría ser más cristiano que eso?

NOTICIA: Ted Cruz se esfuerza por ser el ganador conservador que esperan>

El ciclo electoral actual está demostrando (una vez más) que la retórica y la mitología de una América singularmente cristiana debe llegar a su fin. ¿Por qué? Porque los votos no mienten. Aunque los votantes hablen piadosamente, y más bien vagamente de los valores cristianos y los ideales, las encuestas y los resultados de las elecciones comunican con claridad que se trata de una nación consumida por el miedo, la ira y la sospecha, ninguna de las cuales son virtudes cristianas. Si los votantes fuesen serios en presentarle al mundo una imagen de un Estados Unidos cristiano, tendrían que estarlos pintando con los colores del amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, gentileza y auto-control, porque se trata de colores que, como dijo el apóstol Pablo (en Gálatas 5), son testigos de Jesucristo y el poder de Dios obrando en sus vidas.

Por supuesto, los estadounidenses y sus líderes seguirán hablando en nombre de Dios, incluso profesando grandes cosas acerca de Dios, mientras formulan su caso para la excepcionalidad estadounidense y la justicia de la manera americana. Pero desde el punto de vista de las Escrituras, todo eso es basura. Lo que importa no es lo que dice, sino cómo se vive. Y desde un punto de vista cristiano, nada es más importante que vivir una vida que está inspirada por el amor de Dios para todo el mundo.

En el Evangelio de Mateo (capítulo 25), los lectores son llevados al momento en que Dios juzga a todas las naciones del mundo. Es una escena aterradora, porque muchas de las personas presentes están convencidas de que son los herederos legítimos del reino de Dios. Pero Dios no se deja engañar. Dios simplemente pregunta: ¿Alimentaste a los hambrientos, diste de beber al sediento, acogiste al extranjero, vestiste al desnudo, cuidaste a los enfermos y visitaste a los presos?
¿Cómo le irá a EU en este tiempo de juicio, especialmente cuando admitimos como prueba a los millones de estadounidenses (muchos de ellos niños y ancianos) que no tienen suficiente alimento, o a los millones que tienen que beber agua con plomo y contaminantes industriales o agrícolas?

NOTICIA: ¿Qué tan tóxica es el agua de Flint, Michigan?

¿Qué hay con los refugiados e inmigrantes rechazados en nuestras fronteras y que fueron mal acogidos en nuestra tierra, o las personas sin hogar (muchos de ellos enfermos) que no tienen un hogar y ni la protección adecuada contra los elementos, o los reos de las cárceles (muchos de ellos afroamericanos) que son tratados como la basura de la sociedad?

Dios les está preguntando a las naciones acerca de su política pública, no sobre su piedad verbal, porque la verdadera prueba del cristianismo sólo ha sido la prueba de amor.

Imagínate a un líder político diciendo: “Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy”(1 Corintios 13: 1-2). ¿El amor o el ruido? ¿El amor o nada? El cristianismo depende de cómo la gente elige entre ellos. Si los americanos se tomarán en serio ser un país cristiano, ellos harían un llamado y elegirían líderes que son pacientes y amables, que nunca se jacten o sean groseros. Exigirían un proceso político que esté menos caracterizado por el vitriolo y el ruido.

NOTICIA: Donald Trump reafirma sus comentarios sobre mexicanos

Al llamar a poner fin a la retórica de la “América cristiana,” no estoy llamando a poner fin al cristianismo. La violencia y el odio, y la avaricia y la falta de simpatía por los que se consideran peligrosamente a lo otro, indican que ahora es precisamente el momento de realizar una infusión continua del amor de Dios en nuestra deliberación política. Sin embargo, para que el amor sea genuinamente cristiano, y no una proyección de nuestro propio miedo, ansiedad o arrogancia, los estadounidenses van a tener que separarse de una vez por todas de la falsa identificación con los ideales americanos y cristianos. Éstos pueden solaparse de vez en cuando, pero no son lo mismo.

Norman Wirzba es profesor de teología en la Escuela de Duke.

0 Comentarios
Comentarios
Periódico El Economista es una empresa de