El futuro del Obamacare: Frente a la necesidad, una contradicción
Miles de personas podrían quedarse sin cobertura médica con el plan del presidente Donald Trump.
Jessica Contrera / The Washington Post
Mar 18, 2017 |
8:41
Foto: The Washington Post.

Northfolk, Virginia. Otra mañana, otra lista de pacientes y problemas en manos de Keisha Saunders, de 35 años. Diabetes, depresión, enfermedad cardiaca. Robert necesita bajar su presión arterial. Buffy necesita rellenar sus recetas. María necesita perder 25 kilos para poder obtener lo que realmente necesita, una nueva cadera.

Una vez más, la lista se extiende hasta el fondo del bloc de notas de Keisha, como ha sido desde que la Ley del Cuidado de Salud Asequible (Affordable Care Act, o ACA, por su sigla en inglés) ordenó que todos tengan seguro de salud. A diferencia de Washington, donde el cuidado de la salud es un debate político polémico, la atención donde Keisha es una enfermera practicante es una necesidad diaria.

Las altas tasas de enfermedades crónicas en el Condado de McDowell lo han convertido en el condado con la esperanza de vida más corta de la nación.

Es también un lugar que votó abrumadoramente en pro del presidente Donald Trump, cuya promesa de derogar la ley ACA pronto afectará a casi todos los pacientes que Keisha trata en la clínica de salud de Tug River en Northfork, incluido el que la espera en la sala de exámenes No. 2.

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“¿Cómo estás?”, pregunta a Clyde Graham, de 54 años de edad, quien ha estado sin trabajo por cuatro años.

“Comí un bocadillo de Arby’s”, dice. “Y me estuvo saltando durante tres días, quiero decir que me quemó”.

La acidez es sólo el último problema para Clyde, un paciente que Keisha ve cada tres meses. Como tantos en este rincón de Appalachia­, solía tener un trabajo altamente remunerado en una mina de carbón. El seguro de la compañía cubría todas sus necesidades médicas. Luego perdió el trabajo y terminó aquí, sosteniendo un bastón y sufriendo no sólo de ardor de estómago, sino diabetes, artritis, diverticulitis, presión arterial y colesterol altos.

Debido a la ley ACA, la visita de Clyde está cubierta por Medicaid. Antes de la ley, la mayoría de los habitantes de Virginia Occidental sin hijos o discapacidades no podían calificar para Medicaid, por pobres que fueran. La ley ACA —mejor conocida como Obamacare­— amplió el programa para cubrir a más personas.

En cuanto a los otros problemas en su vida, ha puesto sus esperanzas en Trump, quien llegó a Virginia Occidental diciendo que traería de vuelta el carbón y volvería a poner a los mineros a trabajar.

Cuando Trump mencionó la revocación del Obamacare, Clyde no estaba seguro de lo que eso podría significar para su Medicaid. Pero si tenía un trabajo que proporcionara seguro de salud, razonó, no necesitaría Medicaid de todos modos, así que votó por Trump, junto con 74% del Condado de McDowell.

Mientras tanto, en el frente de la clínica, más pacientes llegan hasta donde está la recepcionista.

“Hola, cariño ¿cómo estás?” Tammy McNew le dice a cada uno. Durante las últimas cuatro décadas, el Condado de McDowell ha perdido 60% de su población, por lo que rara vez necesita pedir sus nombres.

En su lugar, pregunta lo que parece ser la pregunta más importante en el cuidado de la salud en estos días: “¿Tienes tu tarjeta de seguro?” Si la respuesta es no, ella los enviará de vuelta con Keisha­ de todos modos, y la clínica dependerá de las subvenciones federales para compensar el costo. Pero más a menudo en los últimos años, la respuesta es: “Sí, señora”.

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En otras partes del país, el impacto primario de la ley ACA ha requerido que la gente tenga seguro de salud privado, pero en las comunidades pobres y enfermas como el Condado de McDowell, el efecto dominante de la ley ha sido la expansión de Medicaid, el tipo de atención de salud que no estaba ampliamente disponible o asequible para ellos antes.

Fue en el 2003 cuando Derrick­ comenzó a sentir dolores en la espalda y la ingle, y su hermana Keisha, entonces una enfermera de 22 años de edad con licencia, comenzó a entender lo que podría significar un seguro. Derrick tenía 24 años —era demasiado mayor para tener cobertura del seguro de su padre, pero no podía pagar el suyo. Pensó que su única opción era ir a una sala de emergencias. Sus padres lo recuerdan regresando a casa, habiéndosele dicho que no tenía nada. Cuando el dolor no desapareció, Derrick intentó una sala de emergencias diferente. Keisha más tarde se enteraría de que los médicos pensaban que sólo estaba buscando analgésicos.

Todo ese tiempo, un tumor dentro de su riñón estaba creciendo. Unos meses después de que finalmente se descubriera el cáncer, Derrick murió a los 25 años.

Keisha no se permitió preguntarse qué habría pasado si hubiera tenido seguro. Se centró en recordar sus últimos días juntos, cuando los médicos dijeron que el cáncer estaba demasiado avanzado para ser detenido por el tratamiento.Ella trabajaba en un hogar de ancianos y luego en un hospital. Cuando cumplió 30 años, completó un título de posgrado y se convirtió en una enfermera practicante. Realizó el viaje de regreso al condado de McDowell, esta vez para pedir un trabajo.

Ahora Trump está en la Casa Blanca y Keisha está presionando sus dedos en el estómago de Ruby Thompson, de 24 años. Casi todos los pacientes que Keisha­ ve han sido afectados de alguna manera por la ley ACA. En el caso de Ruby, la expansión del Medicaid es la razón por la que tiene seguro.

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De acuerdo con la lista en el bloc de notas de Keisha, Ruby está aquí para volver a llenar una receta médica, pero Keisha la revisa como si la estuviera tratando por primera vez. Ella intenta sentir algo anormal alrededor del estómago de Ruby, que es un poco delgada.

“Pasa y siéntate”, dice Keisha después de revisar los tobillos de Ruby por inflamación, un signo potencial de diabetes. Ella escribe una receta y envía a Ruby a la recepción para hacer una cita para noviembre, cuando se le deberá realizar un examen de los senos y un examen del cáncer de cuello uterino.

Otra paciente llega: Carolyn Hodges, de 68 años, le dice a Keisha­ que se ha sentido mareada. Carolyn tiene Medicare, el seguro de salud pública para los ancianos. Medicare no cubre todos los costos del cuidado de la salud, por lo que Carolyn está tan preocupada por el precio de sus medicamentos.

La última vez que fue a recoger la insulina de su marido, Carolyn­ le contó a Keisha, el farmacéutico dijo que serían más de 600 dólares, en lugar de los 100 que solía pagar.

Fue entonces cuando se enteró de que Roger estaba en el “donut hole” de Medicare, lo que significa que el costo de sus medicamentos había excedido su límite, y que se vería obligado a pagar mucho más por las recetas hasta el término del año. Una iniciativa de la ley ACA ha sido cerrar ese agujero de forma incremental, pero Carolyn, sin percatarse de eso, ve que las cuentas se van acumulando y cree que sabe de quién es la culpa.
“¡Gracias, Obama!”, dice Carolyn­, lanzando los brazos al aire. Keisha sólo asiente.

Aquí hay otra versión de la incertidumbre en la clínica, esta vez de una paciente. Si Amanda se inscribe en Medicaid, estará cubierta durante su embarazo. ¿Pero después de eso? Su acceso al seguro dependerá de lo que suceda durante los próximos meses en Washington, donde existen muchos planes para el remplazo de la ley ACA flotando alrededor. Uno de ellos, revelado en la Cámara este mes, revertiría lentamente la expansión de Medicaid, lo que significa que Amanda podría mantener su seguro público después de que nazca el bebé.

En pocos años, sin embargo, alguien como ella podría no ser capaz de hacer lo mismo, y en su lugar podría recibir créditos fiscales para adquirir un seguro privado.

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Pero eso es sólo un plan. Existen planes basados en “subvenciones en bloque” y planes basados en “límites por habitante”. Algunos planes otorgan a los ciudadanos créditos fiscales basados en sus ingresos. Algunos basan los créditos fiscales en su edad, otros en dónde vive la persona. Está el plan una vez propuesto por la secretaría de la salud y servicios humanos de Trump, que busca deshacerse de la expansión de Medicaid por completo. Ahí está el plan que el vicepresidente Mike Pence implementó cuando fue gobernador de Indiana, que penaliza a cualquier persona que no pague por la cobertura de Medicaid, incluso si todo lo que pueden pagar es un dólar al mes. Incluso hay un plan que propone mantener la expansión de Medicaid tal como es.

Con tanto por resolver, Keisha le da a Amanda un formulario para inscribirse al Medicaid. Caminan juntas a la recepción, donde Keisha le pide a Tammy que programe la primera cita prenatal de Amanda.
“Gracias”, le dice Amanda. “De nada”, responde Keisha.

¿Qué pasa si, en pocos meses, estos pacientes pierden su seguro? Ella rezará para que eso no suceda, dice, pero primero explicará a sus pacientes el programa de honorarios, el armario lleno de medicamentos de muestra de los representantes de farmacéuticas, los formularios que puede presentar pidiendo descuentos, la clínica gratuita en la escuela de medicina que está a cuatro horas de distancia... todo lo que hará para tratar de obtener el cuidado que necesitan.

Una inhalación más profunda y una última oración para ella misma:“Ok, Señor, ayúdame a mantenerme entera”, y luego recoge su estetoscopio.
Es viernes por la tarde, y siete pacientes necesitan ser vistos antes de que ella pueda ir a casa junto a su hija adolescente.

Apaga su computadora portátil y lleva su bloc de notas al laboratorio de análisis de sangre, donde hay una trituradora de papel. Rasgando la primera página con la lista de pacientes y problemas de hoy, la deja caer en la máquina y observa cómo desaparece. Luego se desliza el bloc de notas en su bolsa para llevarlo a casa. Llegará otra semana de necesidades médicas y ella quiere estar preparada.

Jessica Contrera es escritora para The Washington Post.

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