Brasil se prepara para nuevas protestas contra escándalos de corrupción
La semana pasada, los brasileños volvieron a renovar su capacidad de asombro cuando la policía informó que había descubierto un esquema de sobornos de frigoríficos a inspectores sanitarios para que autoricen la venta de carne en mal estado.
Foto: Reuters

Brasil sigue sumergido en gigantescos escándalos que contaminan desde la política hasta las exportaciones de carne, un escenario que los activistas que convocaron a protestar el domingo esperan empuje multitudes hacia las calles.

Planificadas por organizaciones que se hicieron conocidas durante la crisis que derrumbó al gobierno izquierdista de Dilma Rousseff (2011-2016) el año pasado, las marchas buscarán presionar a una élite política sitiada por acusaciones de corrupción y defender a los fiscales que los investigan, ante el inminente levantantamiento del secreto de sumario de nuevas pruebas del caso Petrobras.

¿El objetivo? Impedir que los diputados y senadores involucrados "se salgan con la suya", dice Rogerio Chequer, un empresario que lidera Vem Pra Rua, el grupo que logró más convocatoria en las manifestaciones de los últimos dos años.

Y a los brasileños no les faltan motivos para estar enojados.

El monumental escándalo de sobornos y desvíos de dinero público revelado por la Operación Lava Jato (Lavadero de autos) en la estatal Petrobras expuso una red de corrupción entre la política y empresarios de la construcción que financió campañas y abasteció fortunas personales.

El caso volvió al centro de la escena este mes con el pedido del fiscal general, Rodrigo Janot, de abrir 83 nuevas investigaciones sobre dirigentes políticos.

Las filtraciones a la prensa -otro escándalo en sí mismo, ya que las causas están bajo secreto de sumario- indican que nueve ministros del gabinete del presidente conservador Michel Temer estarían en la lista de Janot. Además de Rousseff y su antecesor, Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010), quien ya enfrenta varias causas de corrupción.

Y ahora, la carne

La semana pasada, los brasileños volvieron a renovar su capacidad de asombro cuando la policía informó que había descubierto un esquema de sobornos de frigoríficos a inspectores sanitarios para que autoricen la venta de carne en mal estado.

Si bien la escala de esta nueva crisis es relativamente pequeña -hay 21 plantas investigadas sobre un total de 4.837-, encendió alarmas para la salud pública y la economía, por su potencial impacto sobre un sector clave de los ingresos externos que emplea 6,7 millones de personas, según el Ministerio de Agricultura.

La reacción internacional fue devastadora. China y Hong Kong suspendieron todas sus importaciones y las ventas cayeron de 63 millones de dólares diarios a apenas 74.000 dólares.

La saga de escándalos y las marchas del domingo se producen, asimismo, en medio de la peor recesión de la historia del país.

"La gente está preocupada por la corrupción, por las tentativas de erosionar Lava Jato, pero está más preocupada por la economía", dijo Daniel Vargas, profesor de derecho en la privada Fundación Getulio Vargas en Rio de Janeiro.

Las gigantescas protestas organizadas por Vem Pra Rua en el pasado mermaron nítidamente en diciembre, cuando llamó a marchar nuevamente contra la corrupción.

Vargas cree que es más fácil llevar la gente a las calles cuando hay "un enemigo definido", como fue el caso de la exmandataria Rousseff, destituida tras ser hallada culpable de manipular las cuentas públicas.

Pero con el tiempo, la popularidad de la lucha contra la corrupción cayó y dejó paso a la desilusión.

"Hay un cierto hastío con el tema. Han sido tres años en los que la palabra corrupción fue usada para movilizar multitudes y como sinónimo de la cura de todos los males del país", señaló Vargas.

rrg

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