México unido y la paradoja de la hamburguesa
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Ene 31, 2017 |
20:54
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Las Horas Perdidas
Ricardo García Mainou
Columnista en El Economista
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México puede implementar estrategias para diversificar su interdependencia con EU.

Nos gustaría pensar que México está nuevamente unido. Que ante la adversidad, los mexicanos que corren a cambiar sus avatares por banderas y puños tricolores se ven a sí mismos como una masa compacta con una sola meta e ilusión. Que basta un tuit impulsivo del vecino para que nuestros políticos entren en razón y se conviertan en negociadores ejemplares. Que lo que México necesita es abandonar los cafés de la sirena y resonar mariachis en cada esquina. Que reproducir videos con bellezas naturales y bailes regionales es la mejor manera de demostrar que somos muy orgullosos y lo hecho en México está bien hecho y... México...México...México!

Pero algo hace ruido en tanto trasnochado golpe de pecho patriótico fuera del mes de septiembre. No cuestiono la sinceridad de quien clama en redes sociales y mensajes de WhatsApp que sólo debemos consumir lo mexicano. A hacer que las empresas que apestan a extranjero quiebren; envolvernos en la bandera y tirarnos del castillo de Snapchat e Instagram; quienes reproducen comerciales de Coca Cola o Corona (sin preguntarse si Coca Cola o Corona son mexicanas); congratulándose por la unidad como panacea a los problemas que días atrás nos llevaban a saquear el Coppel de la esquina.

Conviene hacernos algunos cuestionamientos.

El primero es moral. ¿El mejor remedio contra la violencia es la violencia? ¿El odio para vencer el odio? ¿La exclusión contra los que excluyen? ¿El nacionalismo rancio para el nacionalismo rancio? ¿Ser más trumpistas que Trump?

El segundo tiene que ver con entender quién es el villano. Trump asegura poner a “América primero” con retórica populista. Sigue con la idea de un muro fronterizo incosteable que nunca va a poder construir o pagar; porque piensa que por eso deliran sus seguidores. Dice que cancelará el TLC, cuando eso lo decide el Congreso, y los analistas estadounidenses aseguran que su país se vería debilitado por hacerlo. Habla de impuestos a México...que tendrá que pagar su propio pueblo. De hecho, la mayoría de los estadounidenses lo desaprueba y protesta cada improvisada sandez de su aprendiz a gobernante. ¿Quién es el villano entonces? ¿Trump? ¿Su gobierno? ¿El país entero? ¿Todos los extranjeros que “no valoran” nuestra apasionada mexicanidad? ¿Vale la pena sacrificar la buena voluntad y solidaridad internacional con México en nombre del resentimiento añejo por lo gringo?

El tercer cuestionamiento es pragmático. La gente que dice que hay que vetar a Starbucks y abrazar el café de olla, repudiar a los arcos de McDonalds como símbolo imperialista, cambiar la CocaCola por agua de tamarindo y las playeras Polo por guayaberas; lo hace en Facebook y Twitter, tecleando furiosamente en su iPhone, después de transportarse con gasolina Pemex importada y fumarse un Marlboro (nota: hay redes sociales mexicanas, o por lo menos hay publicidad de redes sociales 100% mexicanas en las otras redes sociales que la gente sí usa).

No se trata de exhibir la hipocresía del nacionalismo en un mundo globalizado, sino su imposibilidad material. Todo lo que usamos para comunicarnos, lo que comemos, el combustible, los automóviles, lo que vestimos, leemos, vemos en televisión y partes de la pantalla misma, el software con el que hacemos los memes y ponemos banderitas en los avatares, todo ello, tiene partes pensadas y hechas en otros países (entre ellos EU). Estamos tan interconectados en lo comercial, económico y tecnológico como biológica y ecológicamente.

Peor aún. Las empresas que se llama a vetar son empresas mexicanas, con empleados mexicanos, que pagan sueldos, renta e impuestos en México. Sus productos pueden o no gustarnos, pueden o no ser nutritivos, pueden o no ser culturalmente “auténticos” (si hubiera tal cosa), pero fuera de los derechos de marca, el nombre y la apariencia, no son estadounidenses ni deben fidelidad a Trump.

México puede implementar estrategias para diversificar su interdependencia con EU. Podemos abordar relaciones comerciales con otros mercados y hacer pintas en los tramos de muro que Trump alcance a construir. Podemos defender los tratados y solicitar compensación comercial. Podemos aplicar estrategias de negociación política, fortalecer nuestras instituciones, reducir la corrupción, cultura de ilegalidad e inseguridad que desaniman la inversión extranjera. Y todas son mejor solución que dejar de comer hamburguesas.

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