Soluciones falsas para problemas inventados
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Feb 14, 2017 |
21:55
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Las Horas Perdidas
Ricardo García Mainou
Columnista en El Economista
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“Se tienen que resolver los problemas desde la raíz, es decir, atendiendo las causas y no las consecuencias, sólo así se pueden prevenir muchos males”.

Este remanso de sabiduría parece resumir una idea constante en las redes sociales: Los problemas son claros, sus soluciones, obvias, y lo único que hace falta es voluntad.

Parece el tipo de axioma indiscutible que proviene del sentido común y está asentado en el firmware mental de mucha gente. Es lógico, ¿no cree, usted? La mejor manera de resolver un problema es solucionando lo que lo causó.

Es tan evidente que puede aplicarse directamente a la lógica científica o seudocientífica con que se enfrenta, por ejemplo, una enfermedad. Atendiendo lo que provoca la enfermedad y no sus síntomas. Por supuesto, lo primero que notamos son los síntomas. Un paciente tiene fiebre y problemas para respirar, sigamos el ejemplo. El argumento arriba enunciado dice que no se deben atender los síntomas, sino su causa. Ésta puede ser una bacteria, un virus, o hasta, dicen algunos, un pensamiento o una emoción reprimida. Eliminada la causa, el cuerpo buscará la salud y se recuperará. ¿Qué pasa si atacamos la supuesta bacteria, el virus, el problema psicosomático, la falta de autoestima, y la fiebre y la falta respiración empeoran? ¿Dirigimos todos los esfuerzos hacia otra causa?

Otro ejemplo. Una ciudad está inundada. Se identifica una grieta en el muro de una presa. Bajo la premisa señalada arriba, solucionar el problema desde la raíz supone reparar la grieta. Atender a los damnificados por la inundación; impermeabilizar y reconstruir caminos no basta, porque el agua sigue llegando. La grieta se repara. Problema solucionado. ¿Sí?

¿Qué pasa si la grieta es un síntoma de otra cosa? Como malos materiales de construcción. Y éstos son consecuencia de una mala licitación, y ésta a su vez fue provocada por corrupción en algún funcionario. Y éste está ahí por problemas de impunidad y rendición de cuentas, pero llegó al poder por manipulación democrática cuyo origen es la desigualdad social que surge de un modelo económico e industrial con raíces sociales, económicas, religiosas e históricas. ¿Cuál es la raíz a resolver? ¿Cuáles consecuencias ignorar?

El dilema de ese tipo de problemas no es que no exista voluntad o valor para enfrentar su causa y dejar zanjadas de una vez por todas sus fuentes de injusticia e iniquidad. El problema está en identificar esas causas más allá de las opiniones mal informadas o prejuiciadas del político, editorialista, funcionario, mesías en turno y la discusión impulsiva de las redes sociales.

Entre más amplia sea la “consecuencia” que atender (entre más social es el problema), más complejas serán sus causas y más difíciles de identificar. La principal discusión radica no en la manera de solucionar los problemas sino en el consenso mismo para identificar las situaciones como “problemas” que merezcan solucionarse.

Uno de los grandes retos de un país, y esto va tanto por México como por EU o el mismo Reino Unido, está en identificar los problemas que necesitan ser atendidos, los que urgen y aquellos cuya atención resulta vital. El primer consenso debe ser el diagnóstico: qué problema requiere nuestra atención ahorita.

Quien logra vender el problema consigue endosar por consiguiente su solución. Poco importa si el problema
es real. Trump no es el primer político en inventar soluciones para problemas ficticios: reconstruir un país que no necesita reconstruirse, resolver un desempleo imaginario y enfrentar crisis económicas y de seguridad más producto de la paranoia que otra cosa.

Su diagnóstico encontró eco en parte de su población de igual manera que un estafador de Internet siempre encuentra alguna víctima dispuesta a dar clic. ¿Por qué sorprende que sus órdenes ejecutivas sean descabellados intentos por resolver problemas inexistentes? Los problemas existen porque él dice que existen, y suficientes votantes compraron el discurso.

Después, por supuesto, se evidencia la disonancia entre su lectura y la realidad misma. Una que tiene su origen, si siguiéramos el ejercicio, en muchos factores, entre los cuales está la desigualdad económica, política, racial, generacional y geográfica de su país.

Pero este problema no es exclusivo de EU. La historia humana está llena de malos diagnósticos y soluciones descabelladas. Quizá la única posición
realmente sensata sea entender que tanto en el diagnóstico como en sus propuestas de solución hay a veces más subjetividad que conocimiento 
fáctico. Y darnos cuenta de que cuando empezamos a estar convencidos de que el problema es obvio y la solución, más aún, es el momento ideal para empezar a cuestionar, precisamente, nuestro sentido común.

@rgarciamainou

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