El buen multimillonario y otros mitos televisivos
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Feb 21, 2017 |
21:22
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Las Horas Perdidas
Ricardo García Mainou
Columnista en El Economista
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Hemos escuchado aquello de que no hay ideas nuevas. Que todo ya fue realizado y como dice la canción de rapero Nas: No hay ideas originales, no hay nada nuevo bajo el sol, nunca es lo que haces sino cómo lo haces...

Las televisoras estadounidenses lo entienden mejor que nadie. Tres de sus nuevas propuestas son refritos directa o indirectamente influenciados por el nuevo héroe del sueño americano: el buen multimillonario.

En Pure Genius (CBS), James Bell (Augustus Prew), un exitoso empresario de Silicon Valley, decide poner toda su tecnología en el asador para construir el mejor hospital del planeta. El lugar es tan increíble como la idea de que cada paciente tiene a su disposición una docena de médicos de primer nivel (y un billonario ocioso para dominarlos a todos).

La serie empieza cuando Bell mueve cielo, mar y tierra para contratar al Dr. Wallace (Dermot Mulroney), lo que le permite una serie de secuencias expositivas sobre su personal y el hospital.

Aunque la premisa no es muy distinta a lo que vimos en House o en el estándar del género ER, cualquier aficionado a los dramas médicos se verá seducido por el lugar, elenco y el dilema médico de la semana. La verdadera motivación de Bell puede no ser totalmente altruista, pero igual beneficia a sus pacientes VIP.

En APB (Fox), Gideon Reeves (Justin Kirk) un antipático multimillonario tecnológico decide hacerse cargo de la policía del peligroso distrito 13 de Chicago. Reeves, quien ponía sus talentos al servicio de conglomerados petroleros y de armamento, sufre una crisis de conciencia cuando uno de sus colaboradores es asesinado durante un asalto.

Reeves se vale de su dinero para obligar al alcalde a cederle el distrito y después se dedica a regalarle a sus policías autos de ensueño, pistolas eléctricas y drones para perseguir los crímenes que los ciudadanos reportan a través de la nueva App. La idea es interesante y en el piloto funciona bien. Una especie de modernización del Robocop de Paul Verhoeven, pero sin una pizca de ironía o cuestionamiento moral.

Para conseguir ganarse al precinto, Reeves debe conquistar la admiración de Theresa Murphy (Natalie Martinez), una patrullera que cumple con todo el estereotipo latino en la televisión: madre soltera con hijo pequeño; vive con su mamá que habla en español y lucha por los valores familiares; desafía a la autoridad y tiene baja autoestima.

Todo lo que funciona en el piloto, se va por el drenaje en el segundo episodio que tiene todo el encanto de una secuela serie B. Y es que mientras el hospital de Bell debe enfrentar un caso difícil cada semana para mantener el interés, el distrito 13 resulta profundamente aburrido cuando sus crímenes recurrentes son asaltos a licorerías, farmacias y disputas domésticas. La serie busca crear tensión en tres sitios distintos: política con el alcalde, tecnológica cuando los policías rechazan los nuevos dispositivos y sexual a través de miradas solapadas. Ninguno de los tres es muy interesante o creíble.

Fox decide que las mejores ideas están en el almacén, por lo que este año resucita 24 y Prison Break. Después de la despedida de Jack Bauer (Kiefer Sutherland) en la extemporánea temporada 8, quedó claro que todavía hay mercado para thrillers de conspiración terrorista en tiempo real.

Llega 24: Legacy (que pretende ser 24: legado, pero debería traducirse como 24: Las sobras). En lugar de Bauer tenemos al agente Carter (Corey Hawkins), un veterano de las fuerzas especiales que cazaron a al terrorista más buscado en Pakistan (el equivalente en TV de Bin Laden).

En el operativo uno de sus compañeros se llevó una cajita de recuerdos del terrorista y ahora un grupo armado los persigue por la capital estadounidense para hacerse con ella. Dentro está el plan para un atentado terrorista inminente que involucra al gobierno federal y a grupos de estudiantes de apariencia musulmana.

La nueva 24 tiene toda la chispa, estilo y receta de las ocho encarnaciones previas, pero con un elenco menos atractivo. Está construida encima de la paranoia republicana que llevó a otro multimillonario a la presidencia en enero pasado, nutriéndose del insomnio provocado por los encabezados de Breitbart y Fox News.

Una de las grandes cualidades de la franquicia era su profunda inmediatez y visceralidad. Sus héroes no tienen tiempo de comer ni ir al baño. Dedican todo su tiempo a conspirar, reaccionar en forma arbitraria, ser perseguidos y echar tiros, todo para detener un suceso terrible en el que presumiblemente morirán miles de personas. El 24 reciclado no es menos efectivo en ello que sus predecesoras y dejando de lado su alimentación amoral de los prejuicios nacionales de la derecha estadounidense, resulta tan entretenida como la cinta promedio de acción veraniega.

@rgarciamainou

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