Preferencias de género
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Mar 14, 2017 |
21:41
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Las Horas Perdidas
Ricardo García Mainou
Columnista en El Economista
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No todos los multimillonarios de la televisión son almas de la caridad que dedican su fortuna a resolver los problemas sociales. Algunos, en una perspectiva más realista quizá, tienen como aspiración ganar más dinero (y seguirse saliendo con la suya).

En su primera temporada la serie Billions enfrentó a un magnate de la especulación bursátil, Bobby Axelrod (Damian Lewis) con el fiscal de Manhattan Chuck Rhoades (Paul Giamatti).

En el paradigma clásico de la justicia televisiva, el fiscal que representa los valores de la ley debería ser el héroe; mientras que el especulador rapaz que sólo ambiciona poder y dinero tendría el papel de villano.

Sin embargo, los creadores de Billions han apostado por matizar los tonos de gris, y Axelrod es pintado como un hombre de familia, carismático, generoso y genial. Mientras que el matrimonio del fiscal está en permanente conflicto, su vida sexual es truculenta y sus estrategias son torcidas y maquiavélicas.

Rhoades odia a Axelrod por varias razones. Axe representa lo que él nunca se atrevió a ser (Rhoades viene de una familia privilegiada). Además su mujer, Wendy, trabaja para Axelrod como psicóloga corporativa. Su declaración de guerra surge de un visceral enfrentamiento de miradas.

La trama de la serie puede ser un tanto árida, especialmente porque los creadores evitan el lugar común del personaje novato al que se le enseñan las reglas del juego para educar al espectador. Por el contrario, se nos sumerge en el mundo de las altas finanzas sin contemplaciones con sólo google como aliado para los detalles finos.

La segunda temporada no ha cambiado las líneas básicas, y exceptuando la referencia ocasional a Trump, el mundo que vive este duelo permanente entre ambas figuras es prácticamente el mismo. Es un mundo profundamente masculino: frío y agresivo.

De sus docenas de personajes sólo hay tres mujeres (exceptuando a las secretarias). Las mujeres de Axe y Rhoades y una fiscal adjunta. Las tres mujeres, interpretadas espléndidamente por Maggie Siff, Malin Akerman y Condola Rashad, son personajes interesantes y bien escritos, pero en ese mundo masculino sólo cobran relevancia cuando emulan a sus parejas o toman actitudes alfa para enfrentar las situaciones.

Billions se transmite por Showtime y también en exclusiva por Netflix, semana a semana.

Del otro lado del espectro podemos encontrar The Good Fight, un spin-off de The Good Wife que recupera el mismo universo de casos legales en Chicago, pero sin los actores y personajes principales de la otra.

La serie revuelve alrededor de Diane Lockhart (Christine Baranski) y Lucca Quinn (Cush Jumbo) quienes ahora trabajan en un nuevo despacho de abogados afroamericanos.

The Good Fight está tan bien escrita como solía ser su predecesora y no se percibe ningún cambio ni presupuestal ni argumental en sus locaciones o protagónicos. En ese sentido tiene mucho mejor suerte que Nashville, que al migrar a la cadena de la música country perdió todo su estilo y esencia.

Como solía pasar cuando ese mundo estaba centrado en Alicia Florrick, The Good Fight sigue encontrando inspiración en los encabezados noticiosos y políticos. CBS es una de las cadenas que más ha plantado cara al gobierno de Trump, centrada en el humor ácido y contestatario de Stephen Colbert. No es coincidencia que los creadores de la serie hayan apostado por abordar la trama en el mundo post-Trump.

De hecho el primer episodio inicia con Lockhart mirando con perplejidad la toma de posesión de Trump en el televisor. Trump está presente en cada episodio, tanto en las conversaciones del despacho de abogados (el único afroamericano que votó por él, es mirado con desprecio y sorna por el resto). Pero también más allá del ambiente y trasfondo, en el episodio más reciente, juega un papel decisivo un tuit impulsivo del Presidente.

El universo de The Good Fight es femenino. No sólo porque sus tres protagonistas son mujeres (y buena parte de los personajes secundarios más interesantes), sino porque están escritos desde una óptica femenina (introspectiva, emotiva y elegante en su sofisticación); una de las razones por las que su predecesora fue un éxito refrescante en el panorama televisivo.

CBS decidió que esta serie, que supera en calidad a buena parte de su alineación de la temporada, se transmitiría en forma exclusiva en su plataforma online CBS Total Access. Eso le permite a los guionistas mayor latitud tanto en el lenguaje como en la manera con que se abordan temas políticos o sexuales.

No me cabe duda que la serie encontrará espacio en alguno de los canales satelitales que se transmiten en México o dentro de poco tiempo en Netflix.

Twitter @rgarciamainou

Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 15 de marzo del 2017.

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